domingo, 29 de noviembre de 2009

Para mi columna de la Revista me encargaron que escribiera sobre los vinos de Madrid, debido al alza del enoturismo, es decir, de la visita de Bodegas y cata de vinos para no necesariamente expertos, que se está poniendo tan de moda. Visité una preciosa Bodega situada en la zona norte de Madrid que me sugirió la siguiente historia. Cosecha de una vida. (Lee post anteriores. 1ª, 2ª, 3ª, 4ª y 5ª parte).

La primavera había llegado. Se adivinaba en el paisaje, en la temperatura y hasta en el aire. Jorge y Charly vestidos de chaqué dirigieron sus pasos a través del pasillo de tierra, que crujió bajo sus pies. En las manos de Charly una botella contenía la sangre de sus mejores uvas, con una etiqueta que rezaba “Boda de Blanca y Jacobo”. Introdujeron la nueva pieza en el joyero de su padre, junto a otra botella que recordaba la decisión de Charly de quedarse. Su madre desde la lejanía, distinguió las dos figuras y le pareció que el tiempo no había pasado: Jorge y Carlos se dirigían a su amada Bodega.
Para mi columna de la Revista me encargaron que escribiera sobre los vinos de Madrid, debido al alza del enoturismo, es decir, de la visita de Bodegas y cata de vinos para no necesariamente expertos, que se está poniendo tan de moda. Visité una preciosa Bodega situada en la zona norte de Madrid que me sugirió la siguiente historia. Cosecha de una vida. (Lee post anteriores. 1ª, 2ª, 3ª y 4ª parte).

Pasadas unas horas, Jorge volviendo de su salida con amigos, observó una pequeña luz que se filtraba desde la bodega.
- Pero, Charly… – miró entonces a su hermano mayor con ternura. Se parecía a su padre tanto, que por unos instantes, dudó de lo que veía. Le recogió y casi se lo echó encima para llevarle a su habitación, esperando que su madre no lo viera así.
- ¡Hola Jorge! Te quiero mucho. Os quiero a todos.- estaba ya en el estadio del amor sin límites, pensó Jorge.
Con éxito, aunque habiéndose abrazado y besado, tanto como casi para recuperar los años de ausencia, consiguió el hermano pequeño acostar al primogénito.

La claridad despertó a Charly. La noche anterior no debió cerrar las contraventanas, pensó. Notó que la boca la tenía seca. Cerró los ojos y recordó su experiencia con el vino ecológico, si bien la vuelta a la cama era un misterio. Supuso que se arrastraría hasta allí. Dos golpes en la puerta anunciaron la ocupación de su habitación por hermanos, madre y un zumo de naranja acompañado de tostadas que portaba Piedad. Se abrazaron y bromearon sobre la nueva afición de Charly por el vino. Su madre se acercó a la ventana y abrió las cortinas. Respiró hondo y decidió que había llegado el momento de que supieran la verdad.

- Chicos, tengo algo que deciros. Papá y yo habíamos decidido contarlo, pero no llegaba la ocasión. Es algo que forma parte de nuestra vida y de nuestra historia. – se sentó en la cama junto a Charly. Acarició su pelo. Lo miró viendo a su marido. Volvió en sí. – Cuando la gran crisis vinícola que en Madrid nos afectó tanto, las cosas no iban bien y papá y tío Jorge luchaban por la Bodega. Los acreedores se multiplicaban y el tío Jorge, en aquellos días, se suicidó. Os dijimos lo del accidente de coche para evitar vuestro sufrimiento. – tomó entonces la mano a Blanca- Aunque la realidad, es que es cierto que la crisis nos afectó, y mucho, pero lo que realmente casi nos hunde fue la enfermedad de vuestro tío. Se gastaba todo en juegos de azar, tanto cartas como en bingos. Llegó a jugarse la Bodega. No fue capaz de contárselo a papá. Hizo de todo para pagar las deudas y avergonzado decidió dejarnos. – sollozó en silencio. Miró a Jorge y sonriéndole lo abrazó, recordando a su querido cuñado.

Charly se sintió orgulloso de su padre, de su familia y, para su sorpresa, también de la Bodega. Quedaba mucho trabajo por delante. Tendría que ponerse al día de todo. Sintió que su vida tenía sentido y que todo por lo que había huido había desaparecido. Nueva York, se le antojó un sueño.
Para mi columna de la Revista me encargaron que escribiera sobre los vinos de Madrid, debido al alza del enoturismo, es decir, de la visita de Bodegas y cata de vinos para no necesariamente expertos, que se está poniendo tan de moda. Visité una preciosa Bodega situada en la zona norte de Madrid que me sugirió la siguiente historia. Cosecha de una vida. (Lee post anteriores. 1ª, 2ª y 3ªparte).

Se hizo de noche y de nuevo, todos junto con Jacobo, el novio de Blanca, se reunieron frente a la mesa para degustar lo preparado por Piedad. Ahora que todos conocían lo de su tío, estaba más tranquilo. Se había quitado un gran peso de encima. Sin embargo, sospechaba que su madre no estaba muy contenta. No le había dirigido la palabra en toda la noche. Finalizada la cena, Charly y su madre se quedaron solos. Ella apuraba poco a poco su copa de vino. No le miraba. Se limitaba a pasear sus ojos por el silencioso salón.
- ¿Qué te pasa, mamá? Porque me estás poniendo nervioso. Dime qué te pasa. – ante lo que su madre dio el último sorbo a su copa.
- Mira, Carlos. El paso que has dado, contando lo de tu tío a tus hermanos, está muy bien. Pero, ¿no crees –preguntó mientras daba leves toquecitos en la copa- que deberías habérmelo dicho antes a mí? Creo que debería saber antes que nadie lo que atormenta a mi hijo . – y mirándole fijamente, se levantó y se retiró evitando con un gesto de su mano que la siguiera.

“Lo que faltaba”, pensó. Su madre enfadada. Recordó a su padre. Necesitaba que estuviera allí. Decidió que tendría que ir al sitio donde más cerca estaría de él: la Bodega. Atravesó el jardín, pisando la tierra que crujía bajo sus pies. Otro deja vu salió a su encuentro. Empujó la puerta y un fuerte olor a húmedo, a cuero y, por supuesto, a vino, le azotó. Los recuerdos se agolpaban en su mente, pero siguió adelante. Dio la luz y ante él se abrió el enorme pasillo de barricas de roble que dejaban reposar el vino.

Nada había cambiado. Enseguida, reconoció la bodega de cristal que su padre bautizó como su “joyero”, donde guardaba los vinos que se relacionaban con la historia de su familia. Su padre los embotelló en momentos esenciales de sus vidas con una etiqueta de exquisita decoración realizada por su madre detallando el episodio. Así pudo leer: “Inauguración de la Bodega”, “Nacimiento de Carlos”, “Nacimiento de Blanca”, “Con Denominación Específica Vinos de Madrid”, “Por fin, con Denominación de Origen Vinos de Madrid”, “Nacimiento de Jorge”, “Carlos se va a Nueva York”.

Echó la vista atrás mentalmente, y concluyó que su padre nunca había hipotecado su tiempo con él por la bodega. Nunca se sintió solo. Advirtió entonces que lo de su tío podría haberlo superado con su ayuda. Contempló todo lo que le rodeaba y con lágrimas en los ojos, reconoció que aquello era extraordinario. Lo había construido su padre con mucho esfuerzo, superando además la pérdida de su hermano.Había sido injusto con su padre. Sabía cuánto deseaba que se interesara por ese mundo, lo veía en sus ojos, pero jamás se vio obligado a nada. Dejó que volara a su gusto. Se sentó en el frío suelo. Lloró amargamente. A su lado, descansaban un par de botellas, tan sólo cerradas por un corcho que quitó con facilidad. Leyó la etiqueta que descubría un vino ecológico. Con un “Va por ti, papá”, elevó la botella dando un trago largo. Notó como el líquido acariciaba su garganta, sin poder distinguir ningún sabor en especial. El segundo trago, le hizo experimentar ciertas notas afrutadas, que determinó, ya en sorbos posteriores, que correspondían seguramente a melocotón y a manzana. Antes de que acabara la primera botella, cayó en un profundo sueño.
Para mi columna de la Revista me encargaron que escribiera sobre los vinos de Madrid, debido al alza del enoturismo, es decir, de la visita de Bodegas y cata de vinos para no necesariamente expertos, que se está poniendo tan de moda. Visité una preciosa Bodega situada en la zona norte de Madrid que me sugirió la siguiente historia. Cosecha de una vida. (Lee post anteriores. 1ª y 2ªparte).

Tras la conversación con su madre, hizo algunas llamadas a compañeros evitando implicarse. A la hora de la comida, el calor era asfixiante en el exterior, si bien en el porche, rodeados de parras, la temperatura era ideal. La deliciosa comida preparada por Piedad, que era quien se ocupaba de la casa y de la comida, puesto que su madre pintaba muy bien pero cocinaba fatal, agradó a todos. El ambiente tenso de la mañana pareció haber desaparecido y aunque tristes, por el enorme vacío dejado por su padre, trataban de reír y animar a su madre. La sobremesa se alargó hasta bien entrada la tarde recordando la figura de su padre.

- Bueno, Charly, ¿cuándo te vas? – Espetó Jorge, haciendo que su madre clavara sus expresivos ojos verdes en él.
- Pues querría arreglar el asunto ..
- No te necesitamos, Carlos . –De la forma que pronunció su nombre hizo ver a Charly la rabia contenida que sentía su hermano.
- Jorge, no seas así. Tú hermano va a intentar ayudarnos. – terció su madre.
- Carlos se irá y se olvidará de todo como ha hecho siempre.
- No te permito que digas eso. Yo me he preocupado por vosotros –contraatacó Charly.
- Jorge, te estás pasando – miró fijamente su madre a su hijo menor.
- Pero si no sabes nada de cómo funciona esto. Ni estuviste cuando a papá le diagnosticaron el …- rompió a llorar y se fue atropelladamente.
- Jorge, ven. – pidió Blanca mientras miraba a su hermano – Podrías haberte interesado por el negocio un poquito más. Papá quería que estuviésemos juntos.
- Papá ni siquiera me lo ofreció. Tú eras la que deseaba conocer el negocio y algún día dirigirlo.
- Se acabó – gritó su madre- No me puedo creer que os echéis en cara cosas que nadie os ha obligado a hacer. Tú, Blanca, estás en la Bodega porque quieres y porque te gusta. Así que no te quejes. Y tú – señaló con la cabeza a Charly –has hecho siempre lo que has querido. No te obligamos a que te interesara. Sólo te pido en este momento ayuda. Sanea lo que puedas, busca a alguien y si te quieres ir, te desearemos buen viaje.

Los tres se quedaron en silencio. Blanca terminó su café y se retiró a fumar a un lado del corredor cubierto por parras. Charly besó a su madre y siguió a su hermana. Se sentó en el banco junto a ella. La miró y ella le sonrío, terminando abrazados contemplando el horizonte, un terreno ocupado por viñas.

- Charly, dime algo. ¿Tú por qué odias la bodega y las uvas? Es lo que nos daba de comer y hoy a mí todavía me mantiene. Charly se revolvió incómodo. No quería recordar aquella imagen. La escena vivida que le marcaría para toda la vida. Pero quizás había llegado el momento. El pacto de silencio con su padre se debería romper. Sabía que él querría que lo contara para que le comprendieran. Para que supieran por qué su vida no estaba en aquellas hectáreas.
- Blanca, lo que te voy a contar sólo lo sabíamos papá y yo. Mamá sabe una parte de la historia. –la tomó de la mano para sentirse arropado. – Sabes que en los setenta, cuando yo tenía unos trece años, hubo una crisis tremenda del sector. La Bodega estuvo a punto de ser pasto de los deudores, ¿no? - ella asintió- Bueno, fue por la fecha en que el tío Jorge nos dejó.
- No te entiendo, ¿qué tiene que ver el accidente de coche del tío con lo que me cuentas?
- No fue un accidente de coche lo que se llevó al tío. El tío se suicidó. Se colgó de una cuerda – la voz se le apagaba- allí, donde las barricas más amadas por papá. Y lo peor, es que yo lo descubrí. Estaba emocionado con la bodega, me pasaba horas con el tío allí. Pero le encontré yo. Su cara no era la que siempre tenía, cuando llegué estaba ya sin color. Fue horrible. – Blanca le atrajo hacia ella- El vino hizo que nuestro tío se suicidara. Creía que no podrían salir de las deudas y decidió que las que él asumió fueran sólo de él y se fueran con él.
Para mi columna de la Revista me encargaron que escribiera sobre los vinos de Madrid, debido al alza del enoturismo, es decir, de la visita de Bodegas y cata de vinos para no necesariamente expertos, que se está poniendo tan de moda. Visité una preciosa Bodega situada en la zona norte de Madrid que me sugirió la siguiente historia. Cosecha de una vida. (Lee el post anterior. 1ª parte)

Se despertó en su cama, en la de cuando era un chaval. La casa en el centro de Madrid que le supuso su independencia la había vendido ya hacía dos años, la última vez que estuvo en España. Ahora estaba allí de nuevo, en las afueras. Los techos eran muy altos. Era una sensación rara pues ya se había acostumbrado a su piso de Nueva York, que aunque bien situado, era pequeño y de techos algo bajos. La casa de sus padres, en este momento, con la distancia, parecía enorme.

No sabía qué hora podía ser. Las contraventanas de madera evitaban que el sol diese alguna pista. Oía a su madre. Con su voz cantarina, un poco apagada, conversaba con su hermana Blanca. Jorge debía dormir todavía. Pensó en lo mayor que estaba. Tenía ya casi diecisiete años y como decían, se parecía a su madre y a su tío Jorge al que debía su nombre. Tío Jorge murió joven y sus padres decidieron que para perdurar su memoria, el hijo que unos años después vino por sorpresa, se llamara así.

Se desperezó. Saltó de la cama y abrió las ventanas. Fuera el sol, en aquella época del año, incidía sobre la casa calentado los muros de piedra, y por tanto, las habitaciones. Las vistas no habían cambiado nada. Las sesenta y cinco hectáreas de viñedos propios, se extendían ante él en hileras verdes. El mes siguiente empezarían a llegar los jornaleros para vendimiar. Su padre se negaba a que se hiciera mecánicamente para evitar la destrucción de lo que tanto amaba y a lo que consagró su vida: la uva. Ni el cáncer galopante que lo mató pudo evitar que dedicara su último aliento a dirigir la cosecha, la línea de producción por entero, desde el viñedo hasta el embotellado y su posterior almacenamiento.

Una vez vestido dirigió sus pasos como en un deja vu por “el pasillo verde”, el corredor que unía las habitaciones y que no era verde, sino que estaba decorado por los cuadros pintados por su madre que mostraban bosques, muy verdes, frondosos, en los que casi el espectador podría perderse, que hizo que los chicos lo bautizaron así. Encontró a su familia desayunando y cuando entró, notó que algo no iba bien. Era como si todos fueran contra él. Miró a su madre que exprimía naranjas sin perder de vista a su hijo mayor.

- Carlos – era su madre la única que todavía le llamaba así- están un poco nerviosos. Dales tiempo. – Dijo entregándole otro vaso de zumo al tiempo que le abrazaba con los ojos cerrados, sintiendo que ya no era un niño, pero que necesitaba protegerle como si lo fuera.
- Cuéntame qué pasa. ¿Qué me he perdido?
- Hijo, papá estaba muy unido a ellos. Jorge y papá estaban muy unidos. Iban todas las mañanas a correr juntos… Hasta que un día fuimos al médico porque tu padre tenía fuertes dolores de cabeza y …- no pudo continuar. Respiró hondo. – Blanca se ha implicado en la Bodega y todo lo discutía con él. Ahora tendremos que decidir qué hacemos. Hay que ponerse de acuerdo.
- Contáis con todo mi apoyo. Lo que se decida lo asumiré.
- Sí, pero Blanca sola no va a poder. Durante un tiempo sería conveniente que con tus dotes de economista ayudaras un poco. No es que las cosas vayan mal. Todo va bien, pero sin tu padre… Vamos a estar al principio un poco perdidos.
- Mamá, ya sabes que no tengo ni idea de viñedos ni de uvas. Ni siquiera me gusta el vino. – En su interior pensó en evitar la palabra odiar. Su madre se enfadaría. Pero era lo que sentía por cada cepa de aquel lugar. Odio.
- Nadie te está pidiendo que hagas nada que se salga de lo que haces habitualmente. Méndez se marchó en el peor momento. Dejó a tu padre colgado porque no quería vender una parte de su vino ecológico a los Sanguino. Tu tío y él iniciaron esas cosechas con mucha ilusión. Discutieron un día y se acabó. Se fue.
- Méndez, ¿se ha largado? – recordó que él debía su profesión a ese hombre, pues descubrió la economía con él. Llevaba todos los asuntos de su padre. Intentó calibrar la información y mentalmente su traducción fue que tenían problemas. – Mamá, hay que contratar a un profesional que lleve el negocio.
- Hijo, ya lo sabemos. Pero mientras buscamos a la persona ideal, te necesitamos. – Y le tomó las manos- No te pido que te quedes para siempre. Búscanos a alguien. Yo ya encontré un asesor que me lleva lo de mis cuadros, pero de viñas no sabe nada. Bueno, el vino sí que le va – y rieron ante la observación maliciosa de su madre.
Para mi columna de la Revista me encargaron que escribiera sobre los vinos de Madrid, debido al alza del enoturismo, es decir, de la visita de Bodegas y cata de vinos para no necesariamente expertos, que se está poniendo tan de moda. Visité una preciosa Bodega situada en la zona norte de Madrid que me sugirió la siguiente historia. Cosecha de una vida.

El sol se reflejaba en los cristales del Aeropuerto de Barajas. Los aviones despegaban cada poco tiempo. Su sonido resultaba casi rítmico. A pesar de que había dejado Madrid hacía tres años era como si el tiempo no hubiese pasado. Pensándolo bien, el cambiar de residencia fue una decisión poco meditada, puesto que el trabajo que le ofrecían en Nueva York era tan apetecible que cuando informó a los suyos de las condiciones, no se plantearon lo que pasaría en el futuro, las llamadas, los correos electrónicos y la nueva situación que se dibujaba para los meses, y quizá como luego resultó, para los años venideros.

Se aflojó la corbata y la guardó en el compartimiento más recóndito de su maleta. Había salido precipitadamente del trabajo, sin poder pasar por casa. Allí estaba, por fin, pero no en el mejor de los momentos. Su mente le castigaba con imágenes de su familia. Ahora lo sentía tanto, que casi no podía respirar. Subió el volumen de su Ipod y vació una botella de agua con los ojos cerrados. No quería que nadie lo notara. De forma casual, se vio reflejado en un cristal y le vio a él. “Sois como dos gotas de agua”, le había dicho la gente toda la vida.

- ¡Charly¡- oyó proveniente de detrás de la cinta. Allí estaba ella. La recordaba más alta pero, sin duda, hoy no se había arreglado como siempre. Sus ojos azules se llenaron de lágrimas y se abalanzó sobre él. Aquel aroma conocido le inundó otra vez de recuerdos y por un momento, estuvo a punto de dejarse llevar por aquella ola de pena que le arrastraba.
- Bueno, vamos que estarás cansado.- Se miraron y ella borró el resto de rimel que le quedaba con un gesto firme, intentando que todo siguiera adelante.
- Mamá, ¿cómo está?- Preguntó, al tiempo que la tomaba por el hombro fraternalmente.
- Pues, parece que se lo está tomando bien. Ha organizado todo y ha ido llamando personalmente a la familia. A la gente del trabajo quizá podrías llamarla tú y hablar del futuro.

Subieron al coche y en silencio se dirigieron al Tanatorio dónde los demás les esperaban. Madrid se abría a su paso tan soleada y llena de coches como cuando se fue, pero con un alma menos. Dentro de la Sala, su hermano escoltaba a su madre, una mujer de expresivos ojos verdes a la que hasta ahora no había visto con la edad real que tenía. Cuando se encontraron frente a frente se dieron un abrazo cerrado, sentido y silencioso.
Definitivamente lo de la llegada por Navidad del fantasma del pasado nos ha tocado la fibra sensible. En casa de Alex quedamos para cenar. Degustamos unos espaguetis alla Norma con un vino rosado que hemos subido del nuevo restaurante siciliano de la esquina. Si os preguntáis por qué no una pizza, es que no conocéis a Vincenzo, el dueño del local, pues lo primero que te suelta cuando al leer su carta no encuentras las pizzas es "Somos de Sicilia. Aquí no hacemos pizzas", en un perfecto español que da miedo. El resto te lo tendrá que decir por signos. No sabe más.

Alex nos ha planteado el que puede que Jaime vuelva para quedarse. Nos hemos mirado y como en las películas sensibleras nos hemos apretado la mano. Sin avisar, "el que vuelve" se coló en nuestras vidas, en nuestras relaciones e hizo un intento de hacerlo en nuestra cama. Alex nos lo vendió desde la Revista y se nos acercó tanto que casi nos quema. Jaime jugó a dos bandas y media, ya que Inés se retiró cuando vio el juego que se traía con nosotras. Con Lupe salió de copas para descubrir el mundo de la publicidad que tanto les unía y conmigo debatía de lo divino y de lo humano en terrazas de moda y a primera hora de la mañana en la redacción, mientras nos servíamos el primer café, celebraba lo bien que me sentaba el color rojo, verde o rosa. ¡Qué bandido!

Jaime no era de Madrid y se sentía solo, tiraba de nosotras como le convenía y nosotras sin enterarnos. Su secreto estaba en no dejar que nos comunicáramos, pero no contaba con Alex. La mirada del nuevo amigo, su pelo, su pose y su sonrisa implacable te hacían sentir la única mujer sobre la tierra y nos dejamos embaucar. Sin embargo, Alex le presentó a Ágatha, de Marketing y Jaime Beltrán desapareció de nuestros móviles, de nuestros planes y de nuestras vidas.

Finalmente su llegada no levanta recuerdos oscuros o dolorosos en nosotras y respiro aliviada. Mi móvil recibió esta tarde un mensaje del encantador de serpientes preguntándome por mi situación vital. Se lamentaba de que no me hubiese puesto en contacto con él antes ni de que me hubiese preocupado por su vida. Lupe me asalta con un qué nos vamos a poner que decididamente significa que lo del fantasma del pasado le da igual. Inés, en plan diplomático me anima a que le mande un mensaje neutro, en su estilo algo como "sin noticias, pero te sigo". Me gusta. Álex me anuncia que Martín, el pintor, irá a la fiesta. Milty, ¿qué te pondrás?

sábado, 28 de noviembre de 2009

Hoy en la Redacción va todo más rápido de lo normal. Se aproximan las Navidades y una revista como la mía se empapa de su espíritu. En mi Departamento de Laboral, nos volvemos como los duendes de Papá Noel generando pagas para todo el personal. Además, váyase a saber por qué, tenemos que ocuparnos del ágape del año, de la madre de todas las fiestas.

Si no os lo he dicho ya, lo debéis saber: en esta Revista aparentar no es importante, es vital. Si hacemos una superfiesta sin interés no acudirán los personajes del año, no se nos prestaría atención. Buscamos que lo más elevado y lo más cercano se junten un día y se dejen mimar por nosotros. De ello dependerá mucho de lo que traiga el año siguiente.

Una vez aclarado ésto, os contaré que la crisis también nos ha tocado. El derroche se acabó y eso supone invitar a menos gente, conseguir que lo celebren con nosotros los indicados o los que estuvieron de nuestro lado. Aunque los Directores, Noemí y Daniel, lo tienen muy claro: el que venga lo recordará bien. El presupuesto está aprobado y parece que será un sitio diferente al de los años anteriores, ya que no irá tanta gente y no quedará vacío un auditorio mayor y porque las comparaciones son odiosas. Si hay menos no se notará.

Mis amigos como cada año, a pesar de todo, están invitados (!enchufad@s¡). Cuando hago las invitaciones a su nombre, el siguiente a Inés me deja sin aliento: Jaime Beltrán. ¿Ha vuelto?¿Cuándo?¿Inés y Lupe lo saben? Tengo que confesar que la amistad tan fuerte que tengo con mis amigas hace seis años sufrió una crisis. Sólo una vez llegué a pensar que nos perderíamos y fue ese verano. A estas alturas ya habréis imaginado que la culpa fue del tal Jaime.

Yo acababa de entrar en la Revista. Jaime llevaba un año pero ya apuntaba maneras: trabajaba mucho, negociaba bien y tenía un pico de oro y una imagen de triunfador que le funcionaba. Pasó ese verano de ser un comercial de publicidad a dirigir su propio Departamento con un equipo a su cargo. Durante las noches de calor, mis amigas Lupe, Inés y yo pasamos de ser hermanas a parecer desconocidas. Cuando todo se superó le declaramos un verdadero AEDS, es decir, un auténtico encantador de serpientes. Menos mal que Alex nos abrió los ojos.

Ahora se presentaba en nuestra fiesta sin avisar. Os dejo y llamo a tod@s.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Ayer celebramos la primera reunión de lectores en "Prólogo" y resultó genial poder compartir pareceres sobre "Pura vida", el libro que decidimos que comentaríamos: érase la historia de dos personas totalmente diferentes que se encuentran e inician una historia juntos.

Martín, el pintor, no aportó muchas impresiones hasta que alguien afirmó que el amor a primera vista no existía, que no era creíble. Nunca cambiaría su vida por unirse a otra persona. Entonces todo el grupo nos enzarzamos en una discusión sobre aquello. ¿Somos capaces de dejarlo todo por alguien a quien no conocemos?¿Sólo podemos hablar de amor si sabemos sus gustos musicales, su color favorito y lo que se llevaría a una isla desierta?¿Es tan difícil sentirse atraído por alguien que no vive como tú? ¿Por qué no rendirnos a quien nos acelera el corazón solo con su presencia en una sala llena de gente o con su simple voz pronunciando nuestro nombre?

Éramos seis y sólo el bohemio y una chica muy romántica y soñadora (no es que me lo invente sino que ella se definió así en la ficha que nos proporcionó) se mostraron a favor del llamado amor a primera vista, del puro sentimiento a ciegas.
Reconozco que cuando nos acusaron al resto de cobardes, me hirieron en mi orgullo y es que darlo todo, consagrarte a alguien sin esperar nada, da miedo, mucho miedo, sobre todo cuando ya has sufrido.

Creo que Martín olió mis temores. Pensaréis que soy una paranoica, pero a veces parece que me lee el pensamiento y eso que casi nos acabamos de conocer. Sí, me hicieron daño. Cuando recordar la primera vez que le vi no me duela y los sentimientos que experimentaba junto a él no me alteren el estómago os lo contaré.

Ahora, mientras releo el encuentro de los protagonistas del libro de Mendiluce, me digo, bendita sensación de enamorarse y de sentir que otro te sacude por dentro: PURA VIDA, PURO VÉRTIGO.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Este jueves pasado, por encargo de mi Revista, me trasladé en viaje relámpago a un Hotel de la costa alicantina privilegiado por su situación que presentaba su nueva imagen. Como siempre comencé a soñar y qué mejor que mostrar lo que aquel paraíso en la tierra me inspiró. True love & Paradise. Do not disturb. (Lee el post anterior. 1ª parte)

Las jornadas de Medicina Legal fueron un éxito de asistentes y de organización. Todos los conferenciantes estaban encantados con el resultado.

Cuando Verónica volvió a su habitación para cambiarse para la cena, encontró una cesta de fresas de un rojo intenso acompañadas de una botella de champán, con una nota que rezaba: “Enhorabuena. Mateo”. Sonrió y decidió que esa noche debían darse una oportunidad. Se puso su mejor vestido y un toque de perfume. Bajó al salón reservado y Mateo al verla no pudo dejar de admirarla arrebatado. Verónica se acercó a agradecerle el detalle y entonces un perfume cautivador salió a su encuentro. El aroma de él hizo que se quedara embelesada. Pero la cena ya estaba dispuesta y los comensales situados en sus respectivos asientos. La velada se desarrolló entre sabores exquisitos de la tierra regados con un vino excepcional que logró desinhibir tanto a Mateo como a Verónica. Las miradas cómplices y las sonrisas les llevaron a que, tras tomar una copa en compañía de sus colegas en una animada cafetería del hotel, acabaran paseando a la luz de la luna.

El Hotel estaba rodeado por jazmines, que mecidos por la brisa, desprendían un delicioso perfume. Las olas resonaban como música en sus oídos. Mateo tomó de la cintura a Verónica y la acercó a la parte de la terraza más próxima al mar. Se miraron y comprendieron que estaban en el lugar ideal. Se besaron dejando que todos sus sentidos se deleitaran.

A la mañana siguiente, el cartel de “No molesten” colgaba en la habitación de ella y una bandeja de desayuno para dos descansaba al pie de su puerta.
(Fin)

viernes, 20 de noviembre de 2009

Este jueves pasado, por encargo de mi Revista, me trasladé en viaje relámpago a un Hotel de la costa alicantina privilegiado por su situación que presentaba su nueva imagen. Como siempre comencé a soñar y qué mejor que mostrar lo que aquel paraíso en la tierra me inspiró. True love & Paradise. Do not disturb.

Mateo aparcó su moto y cuando se quitó el casco, la brisa marina golpeó su nuca. Estaba algo cansado del viaje, pero en el momento en que admiró el exterior del Hotel, sonrió. El Congreso de Medicina Legal se celebraría bajo un sol radiante y al lado de la playa. Se adentró en la que sería su casa durante el fin de semana, sorprendiéndose de la decoración tan original y elegante que poseía. Una vez instalado en su habitación, se dio cuenta de que estaba un poco nervioso. No era por el tema de la conferencia, que dominaba desde hacía años, sino porque junto a él estaría Verónica. Había entrado hacía poco en el despacho, pero se ganó enseguida la simpatía y el respeto de todos. Era muy atractiva e inteligente. Siempre había querido demostrarla su interés, pero nunca era el momento. Se asomó a la terraza de su amplia habitación y descubrió una piscina de aguas profundamente transparentes y cristalinas que precedía a una playa con la arena más dorada que jamás había visto. Decidió bajar a disfrutar de todo lo que se le brindaba.

Verónica paseaba por la orilla de aquella playa de azules imposibles. Estaba encantada de que hubieran contado con ella para participar en el congreso. Era su gran oportunidad. Además, a pesar de no quererlo reconocer, se encontraría con Mateo, lo que la ilusionaba también. Dirigió su mirada a través de las gafas de sol hacia el Hotel y pensó que allí se encontraba él, compartiendo, sin saberlo, aquel cielo azul. Desde que se incorporó al trabajo, Mateo la colmó de atenciones y, sin duda, era guapísimo. A pesar del cálido sol que la acariciaba, notó como su piel reaccionó al pensar en darse un baño en aquella piscina tan tentadora a la luz de la luna junto a él. Se regañó de nuevo por fantasear y se encaminó hacia las tumbonas dispuestas frente al mar, esperando relajarse y que la sombra calmara su espíritu. Durante un rato, se dejó mecer por la proximidad de las olas.

Mateo se dirigió a la pequeña barra de la piscina para disfrutar de un zumo de naranja que le refrescara, desde donde pudo distinguir una figura que le resultó conocida. “Ahí está”, pensó. Vio su pelo rubio ondulado, que el sol pintaba de color miel. Llevaba unas gafas de sol y un pareo marrón, no pudiendo observar nada más desde allí. En un ataque de valentía, pidió otro zumo y fue a su encuentro. El lugar era ideal para que conversaran y disfrutar, con un poco de suerte, de los ojos verdes que le atraían tanto.


- ¡Hola Verónica! Te traigo un presente.
- ¡Hola Mateo! – dijo quitándose las gafas para deleite de él. – Gracias. Lo necesitaba.
- Es increíble este sitio, ¿verdad?
- Me encanta. Las vistas desde aquella terraza son espectaculares.

Pero él ya sentía que se encontraba ante un bello mirador, contemplando la boca más seductora que podía imaginar. En silencio, sólo quebrado por el romper de las olas y una leve música de fondo que poco a poco fue ambientando a los bañistas, tomaron sus bebidas.

- En fin, queda todavía tiempo hasta la tarde para la sesión.
- Sí –respondió ella nerviosa ante la proximidad del evento – Espero hacerlo bien.
- Seguro – dijo animando a su compañera.
- ¿Nos bañamos? – preguntó Verónica, dispuesta a cumplir casi su fantasía.

No hizo falta más, pues Mateo se quitó el polo que le cubría y tras una ducha se zambulleron en el agua. La temperatura era ideal, lo que permitió que nadaran durante un rato observándose mutuamente sin ser vistos por el otro. Con un gesto de cabeza de Mateo, ambos salieron del agua, primero él, dejando atónita a Verónica por lo atractivo que era y lo bien que le sentaba el bañador de tonos verdes, y luego ella, provocando que a él se le secara la garganta disfrutando de la visión de una mujer preciosa en aquel entorno paradisíaco. Por unos instantes, parecieron olvidar las razones que les llevaron a aquel Hotel. Se miraron embriagados por aquella sensación tan placentera.

- ¡Chicos! No os encontraba. – Una voz les sacó del dulce silencio que les rodeaba. Era uno de sus colegas del despacho que se unió a ellos para no dejarles hasta la noche.

(Fin de la 1ª parte)

miércoles, 18 de noviembre de 2009

El Retiro me abrió sus puertas desde el principio. Por allí he paseado amigos, novios y mascotas. He celebrado con alegría la Feria del Libro, con la que cada año agotaba mis ahorros en hermosos, deseados y queridos libros. Caminar arriba y abajo entre las casetas me resulta todavía mágico. Soñar con estar algún día al otro lado forma parte de esa magia. Más adelante, la Madrid Fashion Week hizo que mi trabajo también discurriera por allí.

En estos días, relaciono El Retiro con Mónica. Mi amiga, la hippy, la que es tan distinta al resto de nosotros. La que se sonrojó cuando le regalamos un reloj Dolce & Gabanna (sin pensar en ella, lo reconozco) de aires florales muy de su estilo, que nos agradeció, luego cambió y sospechamos que el resto lo ahorró. En este parque conocimos a los "Juanchis" (todos se llamaban Juan algo, lo juro): el grupito de chicos que habitualmente tocaban los bongos y sentados en la hierba reían sin parar, cerca del lago. Fue el nacimiento de una amistad y luego un amor. Moni conoció a uno de los llamados Juan y unieron sus vidas. Juan Carlos, era un enfermero comprometido que esperaba ayudar algún día en el tercer mundo. Su proyecto de vida en común con mi compañera del colegio se basaba en consagrarse a los demás, así que cuando surgió la oportunidad, decidieron irse. Se trasladarían a Burkina Faso.

Ayer, al atardecer nos reunieron en su casa, rodeados de fotos de viaje, recuerdos de proyectos solidarios y música étnica. Pasaron las horas y resultó sorprendentemente divertido. Congeniamos con los "Juanchis" enseguida. Parecíamos tan diferentes que ni el resto de mis amigos ni yo, dimos una oportunidad a los otros colegas de Mónica.

En un momento de la ya noche, Juan "a secas" (el que siempre pensé: eh, mira un surfer en El Retiro), se me acercó mientras yo curioseaba la única foto típica que tenían nuestros amigos en Tailandia, encima de un elefante: ¿No has estado allí nunca?- me dijo sonriendo juguetón. - No, lo tengo pendiente.- Me recordé mientras daba otro sorbo a mi cerveza y observaba su pelo suelto que realmente parecía tener reflejos dorados adquiridos en alguna playa. Le había visto muchas veces pues compartíamos una amiga, pero como decía Alex "juntos pero no revueltos". Sabíamos que nos tachaban de superficiales. Sabían que les tachábamos de aburridos. Ninguna de las dos afirmaciones eran ciertas. - ¿Por qué te llaman Milty? -espetó descarado con media sonrisa que como siempre me ponía nerviosa. -Pues porque me llamo Emilia. Bueno, Emily. Mi padre es irlandés y mi hermana mayor cuando nací, me bautizó así. - ¡Qué tierna historia!- rió. Cuando bebió de la botella comencé a pensar que si entre los humanos nos diéramos la oportunidad de conocernos, las guerras, los contenciosos y todos los malos rollos se reducirían a muy pocos. Si no habéis visto "American history X" (el protagonista es un brutal Edward Norton) disfrutadla y me daréis la razón. Sin darnos cuenta, nos habíamos separado del resto y estábamos en el balcón, entre geranios y rosas que a su dueña le crecerían hasta en el desierto.

Eché un vistazo dentro y la música acompañaba las risas de mis amigos y las caricias disimuladas de la pareja. Era un momento único. Juan me miró y descubrí cierta melancolía en sus ojos. Su primo empezaba una nueva vida lejos. Pareció leerme el pensamiento y me dijo: Les irá bien, ¿verdad? -A lo que sonreí y con los ojos algo húmedos recordé cierto sentimiento agridulce que me asaltó cuando mi hermana se fue a París. Pensé en trasladar mi seguridad en que serían felices a mi nuevo amigo, que, por cierto, había cambiado su semblante y volvía a mirarme como si yo fuera una extraterrestre muy graciosa.

Los aplausos nos despistaron. Había llegado el momento de que Moni repartiera sus regalitos para todos ya que una leyenda indígena cuenta que el que parte y alegra a quienes deja, siempre será recordado. Había cierto revuelo. Mi amiga nos observó desde el fondo del salón que "apestaba" a sándalo. Con una bolsa morada en mano vino hacia nosotros y con una enorme sonrisa hizo que yo metiera la primera la mano en la bolsa. (Eh, metí la mano, nos conocemos desde el colegio y su leyenda indígena es muy respetable). No dudé. Introduje mi mano. Toqué varias cosas frías. No parecían tener el mismo tamaño. - Respira y coge la "tuya" -me aconsejó. Respiré y elegí una redonda (aunque ella dijo que me escogería a mí). La saqué y allí estaba: una piedra de color rosa. -¡Eh! Cuarzo rosa -me informó ella alborozada. Es muy bueno. Atrae cariño, compresión y amor. Lupe abrió mucho los ojos impresionada. Adora estas cosas y aplaudió extasiada.

Mi compañero de balcón, metió la mano y nos mostró una gema marrón. Reconocí esa piedra, era ojo de tigre. Me encanta su tonalidad y las vetas doradas que suele presentar. Mónica le abrazó y nos avisó de que necesitaba mimitos, que le teníamos que cuidar. Me miró sospechosamente. Alex me buscó y me encontró. Sonrió, seguro que pensando que el rosa y el marrón quedaban genial. Inés recibió paz y seguridad, Lupe, pasión y el otro Juanchi, alegría y libertad. Alex decidió que su obsidiana era fantástica y no quiso saber más. Todos prometimos que llevaríamos la piedra siempre con nosotros.

Sonó el timbre. Alguien más venía a despedirse. Alguien que con gran acierto obsequió a la pareja con cuatro botellas de vino ecológico que se abrieron para la cena. Martín, nuestro pintor, nuevo entre nosotros, aunque tarde, sacó su regalo, que resultó ser un cuarzo transparente. -¡Cómo no! -señaló Moni. - ¡Un artista siempre siente sus vibraciones!

Brindamos entre canapés vegetarianos por el resto de su vida. No recuerdo lo que les deseé porque el vino ecológico, amig@s, puede tener el mismo alcohol o más que cualquier otro. Sólo sé que una vez más el cielo de Madrid lo contemplé pensando que los artistas son unos extraterrestres muy graciosos.

Dedicado a los que no se van sino que nos llevan con ellos

domingo, 8 de noviembre de 2009

Si me piden que presente mi visión de la vida,abandono el manido criterio de ver la botella medio llena o medio vacía, y no dudaría en afirmar que para mí, hay dos tipos de personas: las que prefieren soñar o las que prefieren recordar. Yo me declaro soñadora. Os explicaré por qué. Para mí, recordar corresponde a quien piensa que lo ha vivido todo. Estar seguro de que lo ha disfrutado, que lo ha tenido ya. Una escena de una película, los acordes de cierta melodía, hasta el aroma de un perfume, nos llevarán a aquel momento inmensamente feliz que nos dejó huella. Me pregunto, si ya no hay nada en el horizonte de quienes prefieren recordar. Sin embargo, soñar, es despejar una incógnita algún día. Tenemos todo el tiempo del mundo para luchar por aquello que deseamos. El devenir de las cosas está en nuestras manos, aunque no poseemos nada. Todo, si es que algo hay, está por llegar. Es una búsqueda continua. Definitivamente me definiría así. Pero también es cierto, que sobre todo tipo de explicación teórica y citando a Nelly Furtado en la canción que da título a su último LP, "Ser feliz es todo mi plan" (Mi plan. Universal Music. 2009).
En nuestro afán de sacarle partido a "Prólogo" (en posts anteriores verás a qué me refiero) hemos decidido iniciar un grupo de lectura. Reunirnos unos pocos al mes para comentar un libro que acordemos y disfutar juntos. Era un sueño que compartíamos todos: poder hablar de historias mientras escuchamos música en tono íntimo. Además podremos tomar algo. La idea parece que ha gustado y ya somos dos grupos de seis personas. Hemos propuesto el libro de "Pura Vida" de José María Mendiluce. Os animo a su lectura. ¿Nunca os ha parecido que si comentas algo con otra persona se hace más grande si es positivo y menos importante si es algo que nos preocupa o molesta? Pues intentaremos alargar todo lo posible el placer de leer.
Tengo que contaros un secreto: Martín, el pintor, el bohemio (ver post anterior), se ha apuntado. Lupe, y creo que también Inés, aunque ardería en la hoguera antes de reconocerlo, están interesadas en él. Y es que la criatura se pasea por "Prólogo" con ese andar despreocupado de quien sabe para qué ha nacido,de quien sabe lo que está por venir, y que su futuro está avocado al éxito. Sus ojos azulados, quizá no tanto, más verdosos que la primera vez que los vi, observan juguetones todo lo que gira a su alrededor. Y es que lo decía mi hermana: si el chico es un bombón y lo sabe, nena, estás perdida.

martes, 3 de noviembre de 2009

Mi amigo Alex busca piso. Después de reducir sus ingresos debido al nuevo mantenimiento de "Prólogo"(si estás despistad@ lee post anteriores) tiene que mudarse a un sitio más pequeño. No hace falta que os diga cómo está el tema: si es grande está lejos y si está cerca lo normal es que sea pequeño y caro. Así que hay que decidirse: kilómetros o metros cuadrados. Ese es el dilema. Pero la costumbre de estar en poco tiempo en la Revista, lo que muchos llamarían "calidad de vida", vence y el cambio no es tan radical pues se muda al piso de abajo. Como nos lo pedía el cuerpo desde la semana pasada, acordamos montar una fiestecita para celebrar lo que se nos avecina. Todo bueno, seguro. De momento, el nuevo vecino de Alex, el que ha ocupado su casa, se llama Martín y tiene revolucionada a la comunidad con sus aires bohemios, y por qué no, os aviso, con su físico imponente que acompaña de una sonrisa permanente. Lupe, que está encantada de conocerse, se ha ofrecido a guiarle en el difícil mundo de la publicidad, pues él resulta ser (sí, para más topicazo) un pintor recién descubierto que promete. Esta última información proviene de Inés (si no sabes quién es, es que sigues despistad@ y no has seguido mi recomendación de leer post anteriores) que fue el contacto a través del que él encontró su estrenado hogar. De momento sólo puedo decir que cuando brindamos por lo nuevo que comenzamos, bla, bla, bla, el "okupa del pincel" (más motes de Alex) clavaba sus ojos celestes en mí y me descolocaba un poco. Hay que ver lo que pueden hacer la música, la bebida y una terraza desde la que se contempla cómo cae el sol en la capital que hasta creí que me prestaba algo más de atención que a su propia persona.... Artistas, esos grandes desconocidos.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Coincidiendo con la celebrada Halloween, me pidieron que en mi columna, que por vez primera os presento, diera alas a mi lado más oscuro. Pero si yo lo tengo muy escondido, me quejé para mí. Todo lo que escribo es de otro corte. Sin embargo, buscando, buscando, la actualidad se me adelantó inspirándome y demostrando que puedo tener doble fondo, como las maletas. ¿Truco o trato?
No tenía que haber venido. Eso fue lo que pensó antes de caer en un sueño muy profundo. Se sentía agotado. No sabía dónde se encontraba ni cómo había llegado hasta allí. Al incorporarse una punzada de dolor le atravesó el pecho provocando la presencia de una desconocida. A pesar de estar tan perdido experimentó una unión especial con ella que deseó desde su falta de recuerdos que fuera con quien compartía su vida. La joven con cierta familiaridad le contó que eran una pareja retirada por amor en la nieve de Suecia. Aún sin tener idea de su situación vital se sintió afortunado y el sueño de nuevo le meció junto a ella que tras dejarle en la cama, envolvió un cuchillo ensangrentado en un diario que rezaba: "Desaparecido jugador inglés de fútbol, visto por última vez con una ex-novia sobre la que pesaba una orden de alejamiento. Se desconoce su paradero".
Con la tecnología de Blogger.

Sobre mí

Mi foto
Nací un 16 de mayo de hace más de 30 años en Madrid. He asistido al cambio de la tele en blanco y negro a la de color y a la muerte de "Chanquete". He jugado incansablemente con muñequitas rubias super fashion a las que yo misma confeccionaba modelitos imposibles pero también he disfrutado como nadie probando monopatines, bicis y demás aparatejos que "mis colegas del barrio" sacaban a pasear por temporadas. Cuando me llegó el momento estudié Derecho acabando en la asesoría laboral de una Editorial de Moda. Desde la sombra escribo una columna llamada "Marea alta" en la revista para la que trabajo. Mis amigos de toda la vida me acompañan y se unen a los nuevos que surgen al andar. Mi corazón se encuentra despistado (por ahora). En este espacio contaré mis vivencias, experiencias y sensaciones. Bienvenidos a mi mundo y a mi libro blog. Si te asomas por primera vez, lee empezando desde el post más antiguo. Relájate y disfruta.

MILTYADICT@S

PORTFOLIO FOTOGRÁFICO