domingo, 28 de febrero de 2010


Casi no me he bajado de los tacones para poder contaros todo los que viví el martes en la Cibeles Madrid Fashion Week. Todavía puedo escuchar los aplausos y la música machacona con que se adorna todo buen evento.

Ion Fiz inauguró la última jornada de la CMFW y otro artículo en Marea alta para mi Revista. El color beis inundó la pasarela: camisas vaporosas y trasparentes, otras con nudos estratégicos, complementos en oro y metal. Quiero un bolso como esos: dorado tipo cartera… y finalmente un vestido dorado con la espalda al aire que me enamoró. Aplaudí entusiasmada al ritmo de la música clásica que deslizaba rasos marrones y rosas. Pura elegancia. (Sobre las pieles no me pronunciaré. No son para mí).

Después probamos a cambiar nuestro look tan conseguido ya, por cierto ;), para hacernos unos tupés, coletas y, en mi caso, ondas en el stand de L´Oreal que con mucha imaginación y unas manos geniales consiguieron sus maquilladoras- peluqueras elevar la imagen del público que se acercaba hasta allí.

De pronto, una marabunta de alternativos, tatuados, peinados oxigenados y piercings nos rodean indicando que ha llegado la hora para Carlos Díez, el diseñador vasco más rompedor y que en cuarto de hora nos volvió a sorprender con su puesta en escena espacial y sus cuadros y patas de gallo. Abrigos y capas con diseños acogedores acompañados de converse con cuñas imponibles. Un mundo en color negro y gris. Una colección urbana y muy cool. Calaveras de color plata que en estampados quedan de muerte…

Después un taller en el stand de Yodona nos permitió dejar volar nuestra imaginación y pudimos hacer unos complementos con plumas de colores y lentejuelas. Fue como volver a la clase de trabajos manuales en el colegio, con mis amigas luchando por el pegamento y las tijeras.

Más tarde en el Stand de Paredes, la moda y el baile urbano se fusionaron. Una pareja nos demostró cómo unas zapatillas brillantes lucen muy bien.
En el Showroom admiramos colecciones de diseñadores y complementos preciosos y lo más increíble, de precios absequibles.

Acabamos la jornada glamourosas, mejor peinadas y con una idea de lo que nos gustaría ponernos. Me apunto para la siguiente.


Cibeles, me has conquistado.

domingo, 21 de febrero de 2010

Aunque me enfundo en mi abrigo marrón buscando calidez, pienso ya en mi vestido verde de Amaya Arzuaga y mis zapatos de Gloria Ortiz que voy a lucir el martes en la Madrid Fashion Week.

Mis Directores me han pedido que supla a Alex en este evento pues él ya está en París, aguardando la Semana de la Moda y haciendo otros reportajes.

Por lo que he visto, el índice Lipstick, según el cual en tiempos de crisis, la moda se queda en un segundo plano y el color rojo de labios lo cubre todo, no se ha cumplido: se crea en rosa, marrón, coral, verde, gris, azul... Colores perfectos y prendas ideales. Más o menos ponibles, eso sí. Pero es parte de la pasarela, del show.

Estoy emocionada. He conseguido que Lupe e Inés puedan entrar y compartamos ese momentazo juntas. Estar en un Kissing Room con el diseñador que acaba de presentar sus creaciones te sube la energía, me cuenta Alex desde la Ciudad de la Luz.

Prometo narrarlo todo. No dejarme nada. Todavía no me decidí por un bolso.. ya os lo contaré.

sábado, 20 de febrero de 2010

Cuando Marta entró en su despacho, miró por la ventana. Pudo comprobar cómo Leo también veía la lluvia caer como hipnotizado. El exterior parecía iluminado por lámparas amarillas. La tormenta estaba sobre ellos.

No podía ponerse nerviosa. Simplemente era una despedida. Estaba claro que de alguna manera se tenían que decir adiós. Sin embargo, estaba muy alterada. Decidió llenar esa hora con asuntos que tenía pendientes por resolver, aunque su vista se iba hacia el otro despacho.

Dos golpes en la puerta la sacaron de sus ocupaciones.

- Adelante. –respiró profundamente.

- Marta, ¿estás? –preguntó sonriendo tímidamente, sabedor de que una frase más larga hubiera dejado su nerviosismo al descubierto.

- Claro. –sonrió. Mierda, pensó. Leo se había quitado la camisa y llevaba la camiseta gris que le hacía tan mono, tan indefenso y tan accesible. Cogió pesadamente su bolso sin mirarle. Leo esperaba fuera. Cuando salió, estaba apoyado en otra ventana observando las nubes descargar con intensidad.

- Conozco una terraza. –señaló animadamente Leo.

- Pero, si está diluviando, Leo –rió nerviosa.

- Bueno, tienen una parte tapada. No te preocupes. Claro, que necesitamos un coche y yo no lo he traído.

Este comentario recordó a Marta la escena del aparcamiento, lo que hizo que se sintiera con más fuerzas para aguantar el chaparrón de la despedida.

- Pues, llevemos el mío.

La lluvia golpeaba en el suelo. En la entrada principal vieron cómo el agua caía en tromba.

- ¿Tienes muy lejos el coche?
- A la vuelta.

No acabó de decir aquello, cuando Leo la empujó por la espalda para que juntos recibieran la lluvia, que resultaba refrescante en aquellas fechas.

- Por allí. –indicó Marta bajo la lluvia y comprobando que su espalda estaba totalmente mojada.

Leo se volvió para ver qué tal iba y no pudo reprimir una sonrisa al verla tan mojada. Estaba preciosa y le miraba con expresión confusa.

- ¿Qué? –preguntó ella. – Por allí.

El control remoto del coche abrió las puertas. Leo abrió la puerta de ella y rápidamente se dirigió a su puesto de copiloto. El sonido de la lluvia hacía acogedor el interior del automóvil. Olía a ella, se dijo.

Continuará ...

jueves, 11 de febrero de 2010

Desembarcamos en Pedraza de la Sierra. La villa medieval se alza ante nosotros desde su majestuosa puerta. Una vez dentro, sus calles empedradas, su plaza, su castillo hoy convertido en el Museo Zuloaga, nos impresiona.

Si cierro los ojos puedo imaginarme a Martín batiéndose en duelo con el bailarín italiano de mi gimnasio. Ufff. Yo no me sentiría ofendida porque lucharan por mí. A ver, Milty, céntrate.

Nada mejor para salir del ensueño que lanzarnos al interior tan perfumado de las cuidadas tiendas de este pueblo. Nos muestran velas, collares, mantas, pulseras, anillos preciosos que nos hacen abrir los ojos. Un collar para Inés que no ha podido venir (es lo que tiene trasnochar currando), otro para Lupe y un brazalete de plata y oro para mí. “Oro y plata sólo mala pata si das la lata”, me dice por telepatía mi amiga Moni desde Burkina y me quedo convencida. (Si estás despistad@ es que no has leído posts anteriores. Espabila y lee.)

Alex y Martín se han quedando calentando el paladar con vinitos de la zona en un mesón que alardea de las películas que se han filmado en la villa. Es un escenario digno de elogios. Cuando llegamos lucimos nuestras adquisiciones, por supuesto.
Brindamos y brindamos y volvemos a brindar por la amistad, el amor y … cuando salimos el viento helado nos golpea en la cara bajándonos los colores que hemos adquirido por la bebida y los pinchitos. El pintor me contempla con esos ojos de quien lo ha vivido y/o visto todo y me deja fría. Su seguridad saca del fondo de mí mi inseguridad y dejo que el frío me azote y me espabile de una vez, porque él se vuelve a la city el martes. Esquivo su mirada cual damisela azorada y me pongo el gorro de lana.

Siguiendo el laberinto de calles que nos lleva a comer el plato estrella de la zona, el cordero asado, nos encontramos con otra tienda coqueta que vende chocolate: blanco, negro, con almendras, con avellanas, en placas, en barritas, en onzas… Umm, es un paraíso. Alex se pierde por las estanterías y carga con casi un menú degustación. El día de San Valentín ya está presente y unos corazones de chocolate con leche absolutamente apetecibles se abren paso entre monedas y ositos. No puedo dejar de mirarlos. No me los compraría en la vida. (Soy de l@s que casi odia el día de los enamorados, creo que es mercantilismo puro y… ). Me compro unas placas de chocolate sabor fresa y me salgo con Lupe y un niño llamado Alex. Parece que el artista del grupo sabe apreciar el arte del dulce y también pica.

Todos contentos y más espabilados entramos en un mesón donde conocen a Alex y que nos sirven exclusivamente manjares: sopa castellana, ensalada y un cordero asado que es digno de un restaurante carísimo pero que se mueve entre bancos de madera y manteles de cuadros. Una chimenea adorna este Mesón Manrique que, desde aquí, os recomiendo.

Hemos compartido mesa y mantel como amigos que somos y ya toca hablar de cosas trascendentales. Estamos on the mood. Queremos contarnos nuestras cosas más íntimas. Alex muestra su miedo a que Prólogo vaya mal, que sus padres vuelvan para hacerle más daño. Lupe está preocupada por el trabajo, ya que como sabemos, nada va igual que antes.

-Milty, ¿a ti qué te preocupa? – me pregunta Martín.
-Uy, tantas cosas…- digo mientras sonrío. No consigo quitarme ahora de la cabeza la fiesta y sus besos. Pero, ¿qué tenía esta segunda botella de vino? Pienso mientras miro al fuego que crepita a su espalda. No sé qué contarle. No tengo penas. Siempre me lo dice mi hermana Marta: Milty, vives al día. ¿Cómo lo haces?

Fijando sus ojos en los míos, saca de su abrigo de tío bohemio, algo. Me entrega una bolsita de papel y luego a Lupe otra. Dos corazones muy apetecibles nos miran pareciendo que gritan: cómeme, cómeme.
-Muchas gracias. – Le contesto mientras una sensación de bienestar me inunda. Me siento querida por mis amigos. ¿Qué me puede preocupar?
- Lo mío, ¿lo dejamos para los cafés?- nos plantea a la mesa el caballero que regala corazones de chocolate.

Todos aceptamos el duelo.

domingo, 7 de febrero de 2010

Cuando se dirigía Marta hacia la puerta, se volvió. Leo estaba detrás para abrirla , pero como en otras ocasiones, y con el don de la oportunidad, Elvira, su secretaria, terminó con la reunión.

- Buenos días. Por decir algo. Llueve a cántaros y vengo como si me hubiera pasado la mañana nadando con la ropa puesta. – rió y despidió a Marta. – Leo, ¡qué atuendo más juvenil llevas hoy!.

Elvira tenía mucha confianza con su jefe. Con casi cincuenta años de edad, había comprobado la valía de Leo, aunque al principio le costó respetarlo por su edad, si bien no pasaron ni tres meses trabajando juntos, cuando se convenció del tipo tan estupendo y ,desde luego, eminente doctor que era. Por eso, y porque le conocía ya desde hacia varios años, sabía que su jefe estaba alterado. Estaba segura de que en algún momento llegaría una mujer que le trastocaría la vida.

No pasaba los cuarenta años, ¡por amor de Dios!, debía conocer a alguien con quien compartir su futuro. Su hija era lo más importante para él, pero esa juventud y ese hombre con tantas cualidades no debía desperdiciarse. No sólo de trabajo vive el hombre. Elvira ya había barajado la candidatura de Marta. Había observado cómo se miraban cuando creían que el otro no se daba cuenta. Era una chica muy atractiva y muy inteligente, pero no parecía fácil de conquistar.

Cuando Elvira, de nuevo, entró, sin llamar, en el despacho de Leo, algo que éste odiaba profundamente y que siempre la reprendía, lo encontró de brazos cruzados viendo la lluvia caer. Estaba claro que el mal de amores había infectado al doctor.

Continuará ...
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Sobre mí

Mi foto
Nací un 16 de mayo de hace más de 30 años en Madrid. He asistido al cambio de la tele en blanco y negro a la de color y a la muerte de "Chanquete". He jugado incansablemente con muñequitas rubias super fashion a las que yo misma confeccionaba modelitos imposibles pero también he disfrutado como nadie probando monopatines, bicis y demás aparatejos que "mis colegas del barrio" sacaban a pasear por temporadas. Cuando me llegó el momento estudié Derecho acabando en la asesoría laboral de una Editorial de Moda. Desde la sombra escribo una columna llamada "Marea alta" en la revista para la que trabajo. Mis amigos de toda la vida me acompañan y se unen a los nuevos que surgen al andar. Mi corazón se encuentra despistado (por ahora). En este espacio contaré mis vivencias, experiencias y sensaciones. Bienvenidos a mi mundo y a mi libro blog. Si te asomas por primera vez, lee empezando desde el post más antiguo. Relájate y disfruta.

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