miércoles, 22 de septiembre de 2010




Ana, mi compañera en la Revista es una persona muy positiva, risueña y divertida. Hoy cuando cruzó el umbral de la puerta, sin embargo, saludó distante y su sonrisa se evaporó en segudos. Su cara normalmente muy expresiva no reflejaba nada, parecía estar en otro sitio, con otra gente.

Volvimos a cruzarnos y seguía en una especie de estado catatónico cuya razón me desveló con una imagen tomada desde su móvil: un niño vestido como un hombrecito con un uniforme bajo un baby a rayas azules y blancas cuyos grandes ojos escudriñaban a su madre, reflejando expectación ante lo nuevo, temor por lo desconocido, apego a quien en los últimos tres años ha velado por él.

Ya no está en una guardería sino en el colegio y su madre siente que le pierde un poquito, que la vida de su hijo ya girará más allá de su mundo, en otras paredes, bajo otros cielos, en otras manos.

El niño se acostumbra a los cambios y parece cada día hacerse más fuerte a los ojos de su progenitora cuyo corazón vive en una montaña rusa: tantos niños, tantos padres, tantos ruidos resultan, a veces, demasiado.

Luego se enfrenta al asunto del comedor… Su nene aunque está muy sano no tiene mucho apetito y ahora el dejar la guardería parece acrecentar su mala relación con ciertos alimentos, así que desde el principio se une al grupo de niños que se quedan a comer en una sala que Ana nunca había visto más allá de “Prision Break” (sí, esa serie carcelaria, desde luego guardando las distancias claro) donde rayas azules y blancas la inundan con risas, gritos, llantos y comen y beben en brillantes bandejas de aluminio.

Su pequeño espera pacientemente a que su profesora le ayude un poquito en tan difícil momento. Resulta sorprendente cómo se deja guiar por alguien que acaba de conocer. Somos tan confiados en la infancia que resultamos frágiles como el cristal y moldeables como el barro.

Su madre, mi compañera Ana, desea abrazarle y prometerle que siempre la vida será así: rodeado de gente que le aprecia, que lucharía por él. Retendría su cuerpecito entre sus brazos impregnándole toda su energía, absorbiéndole todos sus miedos y los de ella que seguro que son más y frenar los más que probables desencantos…

El niño cuenta que sólo llora en el comedor. El órgano distribuidor de la sangre de su madre bombea como loco orgulloso de su pequeño gran hombre, que se enfrenta a lo novedoso sin más. Ahora está con su mamá. Nada importa ya… Hasta mañana.

Miles de padres se han enfrentado a la incorporación de sus hijos a la sociedad del futuro, tomando decisiones que afectarán a su porvenir y que acertadas o no son las que seguro que interiormente juzgaron como las mejores.

GO PAPIS¡¡¡¡¡

sábado, 18 de septiembre de 2010






Comienzan los preparativos del gran día y estamos emocionad@s esperando el momento de ponernos a tono con lo especial de la fiesta. No se hace esperar.

Las peluqueras y maquilladoras han llegado. Se presentan con unos vestidos de flores, casi uniformadas cual ejército de la belleza, y pertrechadas de maletines con ruedas donde atesoran los instrumentos que desencadenarán la melodía en la novia y sus amigas.

Pronto la consigna es que la novia es lo primero. Así que, las demás iremos después. La habitación se convierte en un hormiguero ruidoso entre secadores y voces de mujeres que atareadas han sincronizado sus relojes para que nada falle.

Inés nos busca con la mirada. Se siente fuera de su hábitat, tanta gente pendiente de ella la está agobiando. Lo sé. Ahora nos toca a nosotros como militares especializados iniciar maniobras para dar una tila a nuestra amiga y guiñarla un ojo en señal de complicidad.

Entonces irrumpe la madre de la novia. Se masca la tragedia. El equipo embellecedor, avisado, enmudece y sólo se escucha el sonido que procede de los pequeños electrodomésticos que emiten aire caliente, del pincel sobre las cejas y el cepillo redondo que acaricia nuestro pelo.
Pero no, ni mala cara ni gesto serio. La madre de Inés sonríe y lanza un beso al aire a su hija, depositando una cajita preciosa delante de sus ojos y abandonando la suite visiblemente emocionada.

Mi amiga observa lo que dejó su madre y las lágrimas brotan sin aviso. Inés llorando… de alegría. Sonríe mientras libera el regalo….

Os seguiré informando porque aparece la modista del Atelier de Lelela, amiga de mi madre que ha creado y elaborado el vestido de la novia y que derrocha energía, simpatía y buen hacer a cada paso y me reclama para algo en especial. Os seguiré informando, pues por fin el día de la boda de una de mis mejores amigas ha llegado y en la cabaña hay internet, pero no mucho tiempo entre besos y abrazos …

Os dejo… Qué nervios¡¡¡

viernes, 17 de septiembre de 2010


Nos hemos instalado en el cuartel general situado en el norte de España, y en este momento puedo describiros cómo será la boda tan esperada de una de mis mejores amigas, con la que comparto tantas cosas que incluso si tuviera un partner, podría ser mi boda ….

Todos nuestros amigos han venido, incluso Mónica con su chico desde Burkina, super cambiada, más viva, más crecida y muy colorida también, pues su tono de piel ya bastante bronceado, ha adquirido un tono dorado que con sus rizos negros la hace exótica y adorable como es ella. Fue emocionante el reencuentro y me temo que la despedida va a resultar difícil.

También fue muy agradable coincidir de nuevo con Jaime, el amigo de Inés que conocí en Marbella (os recomiendo que si no os acordáis, a golpe de click os pongáis al día). Estaba guapísimo, he de reconocerlo y me he sentido un poco tocada al verle. Me llamó un par de veces y sin excusa, he de también admitir, no fui clara en mis respuestas sobre quedar y vernos en algún viaje exprés.

Sí, como habréis adivinado, soy así de previsible, la culpa la tiene alguien que volvió de cruzar el charco con nuevas ideas, aroma a bohemio y una imagen fresca, de más aventurero y peligroso que nunca… Martín, Martín … Seguimos sin precisar nada de nada, buscándonos a cada paso, al menos por mi parte, pero con mucho miedo de quitarle el aire al otro y que alguno huya despavorido. Todavía no ha llegado, ya os he contado que es el último en aparecer, así que ya llegará mi momento para hiperventilar…. Como si lo viera, yo vestida de Juanjo Oliva, de color …. No pienso desvelar nada más hasta que mi amiga, la importante, la que es dueña de estos días, nos impacte con el suyo…. Es FANTÁSTICO… Me encanta, ya lo veréis…

En fin, que me he instalado en una cabaña preciosa junto a Lupe que comunica por una floreada terraza con la de Alex que a su vez, comparte jardín de nenúfares con el clan Flinn. Mi embarazadísima hermana que se queja de sus hinchadas extremidades está radiante con su traje… Stop, nada de modelitos hasta que mi amiga bla, bla, bla…

Como ya os conté se casarán en tierras celtas rodeados de bosques, pallozas y … una escuela de pesca. Si me asomo puedo ver una parte del río en la que cada año un grupo de colegiales hace lo que puede por adquirir técnica en el arte de “sacar o tratar de sacar peces y otros animales que puedan ser útiles al hombre”. Esta definición que he tomado del Diccionario de la Real Academia de la Lengua, me resulta totalmente decisiva ya que alude a sacar (grupo de afortunados) y ese tratar de sacar (entre los que se encuentra mi padre que siempre se ha quejado de lo mismo: cuando ha salido de pesca, lo único que ha pescado es una muy buena pulmonía).

Tengo que acudir a la llamada de la amistad y actuar como una correcta dama de honor, filtrando visitas en la cabaña de los futuros honeymoon y recibiendo a quienes se van acercando a este pequeño paraíso.

Continuará …

miércoles, 15 de septiembre de 2010



Hoy sigue haciendo un calor insoportable en la capital. A pesar de que ya va anocheciendo antes y los rayos de sol son más débiles, la sensación de ahogo y sopor agota a la mamá de mi futura sobrina, es decir, a Marta Flinn, my sister.

Quedan unas semanas para que en nuestras vidas aparezca una pequeña que nos cambiará a todos, pues como siempre, en el seno de los Flinn, lo que hace uno afecta a los demás. De este modo, mi hermana, que tendrá a Carla en España ha venido para quedarse unos meses.

Mi madre está revolucionada, tenía tanta ilusión porque otra niña naciera que se ha vuelto loca y ya ha realizado múltiples labores para ella: baberos, picos, arrullos… Sí, amig@s, tengo un dominio de la jerga materna que algún día espero que pueda usar porque me está llenando las neuronas, esas que según me cuenta mi hermana, entre apenada y sorprendida, que parecen haberse extinguido en algún momento de los últimos meses: no duerme, es incapaz de leer (algo extrañísimo pues se bebe los libros como yo), está un pelín borde y, en definitiva, siente que su concentración no va más allá de qué me apetece comer ahora o qué más necesitará mi nena….

Además ahora le ha dado por pensar que es una privilegiada. Si estuviera en otra época o incluso en otro punto de la geografía mundial, quizá ni ella ni su niña llegaran a superarlo. Ya sabe que posiblemente no sea un parto natural y que tendrán que practicarle una cesárea, de modo que no sólo ha de estar agradecida a la vida por la suerte que tiene por poder tener hijos (para ella y creo que para mí también, el día que me toque, sería un drama personal no poder ser mamá) ha de sentirse afortunada porque la ciencia pueda auxiliarla. Según sus cálculos, su familia sería historia. Además es muy probable que no pueda tener una tercera cesárea con lo cuál el clan de los Flinn se tendrá que quedar en dos hijos ….

En fin, sé que todos estos sentimientos se los provoca su próxima maternidad, el cambio en su vida, el empezar de nuevo en aquellas costumbres que ya estaban olvidadas…. Tirar de genética para que su cuerpo no se quede desfasado tras dos embarazos… Huelo el miedo de mi hermana a tantos giros en su existencia desde que se despierta por la mañana y vive pendiente de su hijo y de su marido y percibe su mundo desde una perspectiva que a muchos puede sonar a reducida y que, sin embargo, ha ampliado todos sus sentidos hasta que siente que tiene el corazón abierto, muy abierto a los que quiere y que si en cualquier momento su mundo se trastocara, su órgano vital frenaría en seco, sin aire, agotado…

Espero que todo vuelva a su ser una vez que mi sobri nazca y que los miedos desaparezcan para dejar paso como con su otro peque a más sensaciones y a más experiencias que sé que han hecho crecer a mi hermana aunque, a veces, sus decisiones no sean compartidas por los demás, ni siquiera por mí, su otro yo … Ya tendrás hijos, me avisó un día. Eso espero, eso espero. Si bien necesito encontrar a alguien muy especial primero, alguien con quien compartir algo tan grande… Todo se andará, que dice mi madre.

domingo, 12 de septiembre de 2010


Cuatro. A las diez de la noche, Ángel, Martina y los medios esperaban con impaciencia conocer quién acompañaría a la única escudería española en el campeonato mundial. Marcos Gluck tomó aire. Fue difícil, pero entendió que sería lo más acertado. Las presiones de Diego Márquez por elegir al chico le afectaron mucho, si bien el sentimiento de ser un obstáculo para la felicidad de alguien parecía insoportable.

jueves, 9 de septiembre de 2010


Tres. En el segundo día de pruebas y de la toma de decisión, Marcos entendiendo que en cuanto a conocimientos estaban a la par, buscó que mostraran sus reacciones frente a situaciones que podrían aparecer en su futuro trabajo.

Mientras los candidatos aplicaban sus propias teorías, Gluck y Márquez, se reunieron y se encontraron en desacuerdo. Nunca durante la historia de su amistad les había ocurrido aquello. Para el dueño de la prestigiosa cadena de talleres, Martina tenía derecho a todo y para el propietario de la escudería, el chico era la imagen que precisaban en sus filas: varonil y seguro de sí mismo. El concurso era un fraude.

Martina y Ángel entregaron sus supuestos prácticos y tras su examen, Marcos habló con los dos y les planteó sus dudas al respecto. Resultó ser una conversación de lo más reveladora: ambos eran luchadores natos y deseaban aquel puesto.

La pregunta clave que Marcos Gluck más apreció fue la descripción del sentimiento al conducir una moto. En la visión de Martina se reconoció: la búsqueda de la brisa acariciando su cara, sus brazos, su cuerpo. Los rayos del sol penetrando a través de la visera del casco y la libertad que aportaba a su vida.

¿Estaría el mundo preparado para esa chica? Y lo que era más importante, ¿y el mundo empresarial? De la decisión de Gluck dependería el futuro de Martina. Estaba en sus manos.

martes, 7 de septiembre de 2010


Dos. El lunes temprano, Marcos se preparó para recibir a los candidatos. Su secretaria Elvira el viernes le pasó los currículos, pero no había tenido tiempo hasta esa misma mañana para echarles un vistazo. Ángel y Martina. Debe de ser un error, pensó. Ángel y Martín, se dijo. Todavía no había iniciado su lectura cuando entraban en su despacho un chico y una chica.
¿Cómo es posible que alguien traiga a su novia a una entrevista?¿Cómo es posible que el otro candidato todavía no haya llegado? -se preguntaba Marcos. ¡Qué poco serios!


- Sr. Gluck. Aquí están: Ángel y Martina.
- Bien, Elvira, cuando llegue el otro candidato le hace pasar, por favor.
-¿Cómo dice? -preguntó extrañada su secretaria.
- Yo soy el otro candidato, señor -afirmó a media voz la chica mientras el joven la observaba casi con desprecio.
- Sí, señor Gluck, ella es la del currículum -le indicó Elvira señalándole la foto que encabezaba uno de los documentos.


Reponiéndose de la sorpresa, Marcos Gluck, dio la mano a ambos y los dirigió por la empresa en una visita rápida por las oficinas hasta los talleres, situados en la parte baja del edificio de tres plantas. Tras escuchar casi en trance la historia de la empresa que era líder en su sector, se dirigieron a los vestuarios por turnos, pues al no haber mujeres en la plantilla no disponían de vestuarios separados.


Ataviados con monos de trabajo, Ángel y Martina con expresión concentrada pasarían la tarde justificando los conocimientos que habían acreditado. A Marcos Gluck le bastaba con ver cómo cogían las piezas para saber si eran dignos de ellas o no. Los primeros ejercicios los pasaron casi a la par, si bien, Marcos tuvo que reconocer que Martina actuaba con una casi imperceptible pero mayor precisión que el chico. Movía sus manos finas con rapidez y destreza. Desde luego que tenía mucha habilidad. Pasaron la tarde montando y desmotando piezas complicadas y motores y aplicando colores y barnices de gran calidad.


Ángel se sabía vencedor. Ya le habían comentado que la chica era pura publicidad, pero lo cierto es que no sabía que iba a ser tan buena. El dueño de la empresa parecía igual de impresionado que él y es que Martina era una mujer con muchos recursos.


El señor Gluck observaba con atención la actuación de ambos y aunque albergaba dudas al principio, veía que la joven se desenvolvía perfectamente. Tenía madera. Él lo supo cuando manejaba aquel motor como si fuera una de sus extremidades. Fue entonces cuando recibió la llamada que le agrió el día, le enfureció y ennegreció sus pensamientos: los organizadores le pedían que cogiera al chico. Martina era el objetivo de los medios. Estaban jugando con él y con las ilusiones de ella. Por primera vez en su vida, a pesar de todo lo que había pasado, sintió que la vida era injusta. Tuvo la corazonada de que aquella chica tendría que rehacerse como él había hecho en tantas ocasiones.


Cuando realizaron las pruebas, el propio Gluck debía dar su visto bueno a los ejercicios. Se trataba de fichar al mejor. Cenaron y volverían a verse al día siguiente.


Marcos Gluck esa noche se planteó observando a su esposa Isabel si la veía tan persona como a él mismo. Si más allá de considerar que era la mujer que amaba, veía a alguien inferior a él. La sonrisa de su esposa con los ojos cerrados le dio la respuesta: no eran iguales. Para él ella era un ser superior y especial. Dejaría su vida en sus manos. Este pensamiento le acunó durante la noche.

lunes, 6 de septiembre de 2010




Que todos somos iguales es discutible. Cada persona es como es. No sólo es cierto aquello de que cada uno somos de su padre y de su madre, sino que aún siendo de padres iguales, somos muy diferentes. Por ejemplo, mi hermana y yo somos el día y la noche, el yin y el yang, aunque es muy real también, siendo justa, que compartinos bastante de los Flinn.

Lo que busco con todo esto es resaltar que la diversidad es genial. Ser distintos es necesario. Cuando nos referimos a hombres y mujeres, mi humilde opinión es que no somos tampoco exactos. Y menos mal…., por cierto.

Sin embargo, estoy convencida de que en cuanto a nuestras metas y nuestros sueños somos idénticos. Luchamos por lo que queremos con todas nuestras fuerzas.

Hoy que mis Directores me piden que hable de la igualdad entre hombres y mujeres, os presento la siguiente historia que quizá se desarrolle todos los días en algún lugar de nuestro mundo: personas más allá de simples varones o hembras, que pelean por un hueco, que se apasionan por lo que hacen… Va por ellos. Adelante.

Marea alta. Sueños en lucha.

Uno Marcos Gluck había levantado su empresa de la nada. Sus padres volvieron a España cuando él tenía 15 años y su familia nada en los bolsillos. Aprendió el oficio del desguace en la calle, con su padre y su hermano, mientras su madre se quedaba en casa cocinando y arreglando el pequeño hogar.

Comenzó a interesarse por las motos desde antes de que tuviera uso de razón ya que veía dos ruedas y sus ojos se perdían detrás. Su padre le había fabricado un patinete sobre el que soñaba con la velocidad, con el viento golpeando en su cara. Imaginaba que estaba en una moto. Sabía que algún día conseguiría una.

Lo tenía tan claro que guardaba aquel primer pensamiento junto con otros importantes: la primera vez que montó en una moto, la primera moto que se compró, cuando vio a Isabel por vez primera y la última vez que abrazó a sus padres y hermano. El cerebro le obligaba a guardar solo ciertos recuerdos: los buenos. El accidente que le privó de una infancia en el seno de una familia, se escondía en lo más recóndito de su alma.

El teléfono le despertó de su letargo. La luz del altavoz se iluminó y con presionar una tecla la voz de su secretaria anunció la llegada de su entrañable amigo Márquez. Junto a su mujer Isabel, era lo que más apreciaba en el mundo. Las casualidades hicieron que ambos apasionados del motor coincidieran y entablaran amistad, aunque provenían de lugares tan radicalmente distintos que todavía se preguntaban cómo “lo suyo” había durado.

Marcos, sin dinero y sin familia, hacía equilibrios para poder comer y acercarse al Jarama a que la velocidad sacudiera su corazón. Diego Márquez, sin embargo, se paseaba por los boxes con facilidad. Con diecisiete años todavía no sabía lo que era trabajar y tenía previsto estudiar Derecho, como su padre, aunque deseaba algún día pertenecer al mundo de las dos ruedas. Sin embargo, la casualidad, como variable que de nuevo acudía a su vida, hizo que coincidieran en el circuito del Jarama, Márquez para ver el espectáculo y Gluck para solicitar otro trabajo que le mantendría los domingos y del que disfrutaría. A Miguel Márquez, el tío de Diego, le cayó en gracia aquel jovencito que parecía desesperado pero que tenía cara de espabilado. Fue el único piloto que le permitió entrar, aunque, en realidad, no le dejó, sino que como iba con su sobrino pensó que era su amigo, si bien en el segundo golpe de vista apreció claramente las diferencias de clase. Desde entonces, los dos jóvenes no se separaron. Aprendieron juntos a amar las motos y a moverse en aquel mundo.



Con el tiempo, Marcos se hizo un nombre en la reparación de motos. Diego acabó Derecho, pero montó su propia escudería, la primera escudería española. Juntos durante unos años fueron un tándem perfecto: uno era la imagen y el otro realizaba el trabajo que adoraba. Cada uno formó su familia y al cabo de los años volaron por separado, pero sin lágrimas ni rencor puesto que cada uno se dedicó a lo que realmente quería. Sus firmes pasos les hicieron un hueco en la sociedad española.

Ahora volvían a unirse para la aventura de encontrar el mejor mecánico que se uniría a ellos en el campeonato del mundo. Tras un abrazo sentido, se pusieron al día.
- Diego, lo que me propones me gusta. Sangre fresca, es lo que ya voy necesitando.
- No digas que estás mayor que te saco dos años y me haces más viejo -rió.
- Mándame a los chicos que seleccionaste para tu concurso y veré qué puedo hacer. Tendrán que meterse en grasa hasta el cuello -bromeó.
- Ay, qué antiguo eres, Marcos. Te vas a sorprender. Pero sí, quiero que los exprimas. Necesito al mejor.
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Sobre mí

Mi foto
Nací un 16 de mayo de hace más de 30 años en Madrid. He asistido al cambio de la tele en blanco y negro a la de color y a la muerte de "Chanquete". He jugado incansablemente con muñequitas rubias super fashion a las que yo misma confeccionaba modelitos imposibles pero también he disfrutado como nadie probando monopatines, bicis y demás aparatejos que "mis colegas del barrio" sacaban a pasear por temporadas. Cuando me llegó el momento estudié Derecho acabando en la asesoría laboral de una Editorial de Moda. Desde la sombra escribo una columna llamada "Marea alta" en la revista para la que trabajo. Mis amigos de toda la vida me acompañan y se unen a los nuevos que surgen al andar. Mi corazón se encuentra despistado (por ahora). En este espacio contaré mis vivencias, experiencias y sensaciones. Bienvenidos a mi mundo y a mi libro blog. Si te asomas por primera vez, lee empezando desde el post más antiguo. Relájate y disfruta.

MILTYADICT@S

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