domingo, 31 de enero de 2010

Mi móvil como ya os conté me trae noticias del pintor que cruzó el charco en forma de SMS: Hi, Milty. Vuelvo el weekend. Necesito comer caliente y desestresarme. El aire de la city me va a volver loco. SOS. Besos. El okupa del .... ;-)

Necesito hacer una recomendación para mi columna de Marea alta, así que embarco a Lupe,Alex y Martín en una inmersión en la cultura y el bienestar castellanoleonés: paisajes relajantes, viandas deliciosas y buena compañía.¿Quién necesita más?

Hemos quedado sobre las doce para que a nuestro recién llegado a la capital no le mate el jet lag. Vamos pertrechados para que el frío no nos mate al resto.

Alex nos mete en su amante bandido como lo llama él (que sí, que pone nombre a todo. Os lo he dicho ya)y nos dirigimos hacia Pedraza escuchando todo tipo de música que nos agrada a todos y que a veces escandaliza a nuestro pintor que parece que todo lo ha visto y/o vivido: Fiesta, qué fantástica, fantástica esta fiesta,... (Fiesta, de Raffaella Carrá Sony Music, 1977), Para hacer bien el amor hay que venir al Sur, ... Hay que venir al Sur (Ciao Raffaella, de Raffaella Carrá Epic Sony 1993)... Ríe cuando las loros de atrás, es decir, nonostras nos damos un golpe emulando a la gran artista. Siento vergüenza ajena los primeros cinco segundos, hasta que Alex y Martín se ríen a carcajada limpia y nos imitan.

Confieso que miro a Martín y hasta intento identificar su aroma. Sí, amig@s, soy una nariz inquieta. Necesito saber cómo huele hoy. Me interesa, no hay duda, pero creo que se está conviertiendo en un amigo y eso me da miedo.

Ya estamos llegando. La villa amurallada se abre ante nosotros.

miércoles, 27 de enero de 2010

- Personalmente, ¿has pensado bien el cambio? – miró al lápiz ya mareado.
- Pues, Leo, nada aquí me retiene. El proyecto es ambicioso y tengo ganas de iniciar un plan de esta envergadura. –no pensaba contarle nada sobre ella y Amaro.
- ¿Te vas a ir a vivir con él? –la pregunta pilló a Marta por sorpresa.
- En principio, sí. –incapaz de seguir contando sus planes en común, hizo ademán de levantarse.

Él también se levantó. Leo le pareció más fuerte que nunca y recordó la escena apasionada que vivió con él en New Bombay. Si creía que lo había olvidado no era así. Lo había enterrado, pero al verle allí mirándola, con el pelo tan corto y rubio, lacio posiblemente por efectos de una ducha demasiado rápida, sintió que su estómago se alteraba. Otra vez, vértigo.

Leo la contemplaba. Miró sus ojos verdes y el pelo castaño recogido en una coleta. Tragó saliva.

- Entonces, ¿estás decidida? –dijo situándose delante de Marta, que echó un paso atrás azorada. -¿No hay nada que te pueda decir que te convenza para que te lo pienses? –preguntó dulcemente, mientras se sentaba encima de la mesa.

Leo tenía treinta y cinco años y era la primera vez que ella le echaba realmente esa edad. Con un movimiento rápido, Leo, recogió el lápiz y, de nuevo, jugueteó con él.

Marta miró distraída hacia el exterior. Había empezado a llover con fuerza y entraba por la ventana el característico olor a mojado de la lluvia de verano. De pronto, un relámpago la echó hacia atrás. Pareció despertarse. Leo seguía observándola de cerca. Deseó que leyera sus pensamientos. No quería perderla. En ese preciso instante, de resplandor y viéndola tan vulnerable, comprendió que la amaba. Hasta entonces pensó que era una fuerte atracción. Se mentía a sí mismo. Notaba que su corazón latía descompasado, analizando la situación. Para ella no parecía fácil marcharse, pero podría ser por el trabajo. Es de lo que estaban hablando. Intentó concentrarse en lo que le decía. Sin embargo, sólo podía recorrer con su mirada sus ojos, su boca y la pequeña nariz que culminaba una carita muy dulce.

- Leo, ¿me oyes?
- Perdona. Cuéntame.

Con gesto contrariado, Marta, le miró y de la manera más aséptica que encontró, le preguntó si prefería que lo dejaran para más adelante y según fuera con lo de encontrar un sustituto le informaría.

- ¿Te gustaría comer conmigo hoy?- la sorprendió.
- No sé si podré porque con todo esto… -no estaba segura de poder mantenerse delante de él sin tratar de aclarar temas pendientes que hasta ese día creía haber olvidado. Por eso necesitaba no salir del hospital con él, sin que vistiera su bata y su traje.
- ¿Un café? – La perforó con un golpe de vista intentando que diera muestras de que no todo estaba perdido, que aún sentía algo. Surtió efectos.
- De acuerdo.
- Te voy a buscar en una hora a tu despacho, ¿ok?

Continuará .....

domingo, 24 de enero de 2010

En Prólogo las cosas van muy bien. (Si a estas alturas no sabéis a qué me refiero, no habéis leído desde el principio. Venga, un click de ratón y estaréis al día). Se llena por la mañana gracias a que está muy cercano a despachos y oficinas y aunque antes se cerraba a las siete, hemos decidido probar a dejar abierto dos horitas más y contratar un cocinero para que los cafés den paso a las copas con una selección de tostas y canapés. Algo sencillo pero que guste.

Así que aquí estoy echando una mano en lo que puedo tras salir de la Revista. Estoy cansada pero estar cerca de Alex y Lupe me da energía. Son batería pura.

Desde el despacho de Alex distingo una figura conocida. Salgo y me lo encuentro de bruces.

-¿Hombre qué haces aquí?- me pregunta el bailarín italiano, confirmado por su acento, con el que comparto gimnasio.
- Bueno, es el local de un amigo.
- ¿Es tu chico?- investiga sin complejos mientras busca con la vista como si supiera a quien referirse.
- No, es una historia larga de contar. Es … – rio y miro los ojos tan interesantes que tiene. Otro artista no, me digo.
- Si quieres, tú y el de la historia larga os podéis unir a mis amigos y tomar una Coca Cola. – Sonrie. – No te puedes negar a su sabor, a sus burbujas. – La bebida refrescante había quedado como una broma privada entre ambos.
- Gracias, pero es que estoy ocupada …
- Bueno, pues nos veremos en el gimnasio. Yo estaré un tiempo por allí ensayando. Qué maleducado soy. Me llamo Raffaele. Rafa.- Y me toma por la cintura y me besa en la mejilla, dándome un fuerte abrazo que me permite comprobar lo sumamente fuerte que está.
- Yo soy Milty. Milty Flinn. Encantada.- Me presento mientras me contempla divertido y enigmático con sus ojos grandes y se despide con otro Ciao que resuena melodioso.

En mi bolsillo vibra el móvil. Un mensaje. Es de Martín from NY. Lo leo y os cuento. Siempre él, en el último segundo. Malditos artistas.

sábado, 23 de enero de 2010

Un móvil sonó y ambos miraron por si era el suyo, resultando ser el de Marta. “Muy oportuno “ se dijo. – Es el mío. - Era Amaro.

Ambos se miraron serios. Marta cortó la llamada pensando que no estaría cómoda si en ese momento hablaba con él .

- Si quieres hablamos ahora. Antes de que me líe y ya sea imposible que me encuentres.
- Pues te lo agradecería. Voy a dejar esto- indicó su bolso- Te cuento ahora- y evitó volver a cruzarse con los azules ojos de él.

Leo se dirigió cabizbajo hacia su despacho. Se alegró de que su Secretaria todavía no hubiese llegado. Se temía que su puesto era cuestión de horas. La veía convencida. Ya había dejado que las cosas fluyeran, pero no había servido de nada. Había pasado el fin de semana con una chica encantadora, y seguía pensando en ella. Se preguntaba si sabía el efecto que provocaba en él. Contempló desde la ventana de su despacho las nubes que se avecinaban. El día se había empezado a poner gris como su humor. Todo lo que estaba a su alcance lo conseguía, incluso mujeres, pero ella…


Se le estaba escapando de las manos. No se le pasó por la imaginación que al final eso pudiera pasar.

Cuando entró por la puerta, decidió elegir como estrategia intentar ponérselo lo más difícil posible. Profesionalmente, quería estar rodeado de los mejores y, sentimentalmente, ya se empezaba a notar vacío. Lo intentó todo, pero nada lo había apaciguado.

-Bueno, Leo. Como te decía ....- él la pidió que se sentara, elevando los ojos azules con tonos, que a Marta ,se le antojaron grises. Con la camiseta del mismo color que ahora llevaba, le dio la impresión de no estar hablando algo tan serio. Él estaba en tensión. Se lo podía notar. Su cuello ancho y fuerte, parecía tan tensionado como su parte superior, según se adivinaba.

Estaba tan perdida, que no sabía cómo afrontar el tema, aunque la pareció que era la mejor salida, ya que se quedaba bloqueada por momentos. No le podía tener por más tiempo delante. Con Amaro todo iría bien. Estaba ilusionada y Leo parecía haber encontrado la horma de su zapato. No le veía tan deseable desde hacía mucho tiempo. Su expresión era fría, una actitud que tomaba cuando trabajaba, mostrándose, en este momento, igual de receptivo. Sin embargo, sus manos anchas jugueteando con un lápiz rebelaban cierto nerviosismo. Se preguntaba si eso se debía a ella o porque tenía mucho trabajo y quería atajar el tema lo antes posible.

-Tú dirás, Marta.
- Pues, verás. Estoy pensando en dejar mi puesto, para irme a otro centro a desarrollar el proyecto.
- ¿Cómo cubriríamos la baja?- atajó
- Buscaría una persona de valía...con tu ayuda. Si no cuenta con tu aprobación...
- Si te digo la verdad, no me gusta- dijo sin pestañear.
- No dejaría a cualquiera. La formación, la realizaría yo personalmente. Es un proyecto que me ilusiona. Además estaba pensando en cambiar de residencia .
- Espero que eso lo hayas pensado bien – la volvió a mirar con expresión fría.
- Nunca tomo decisiones a la ligera.
- Yo confiaba en ti para este proyecto. Sabes que me gusta tener lo mejor- hizo un esfuerzo para decir lo último. La miró pensando en que pronto tendría que olvidar su cara. Sus pensamientos se vieron azuzados por el trueno que estalló en el exterior.

Ella calló .Se miraban en silencio. Era la primera vez que un tema laboral lo trataban así. Leo seguía jugueteando con el lápiz. Decidió atacar el tema como si fueran amigos.

Continuará ...

martes, 19 de enero de 2010

El pasado martes 12 de enero un terremoto de 7.3 grados en la escala Richter asoló el país de las playas de aguas de azules imposibles.

Ahora que me siento cómoda en mi sofá, en mi casa caliente, mientras fuera el viento bufa, me obligo a darme cuenta de lo afortunada que soy.

Comprar un bolso Guess en las rebajas y disfrutar con ello me recuerda lo superficial que soy.

En un día como hoy, que soy tan cobarde que no puedo poner la televisión porque mi mirada se choca con imágenes de gente destrozada, que ha sido castigada por la tierra que sufre lo que tod@s hacemos contra ella.

Hoy se me humedecen los ojos mientras veo una foto en El Mundo.es de dos jóvenes que de la mano pasean entre la más absoluta desolación.

Pero hoy quisiera luchar con ell@s para que salgan adelante. Mandaremos energía positiva. La vamos a necesitar.

FUERZA Y AMOR. TOLERANCIA Y HUMOR.

RENACE HAITÍ. QUE GANE LA VIDA.

En la web de cualquier banco podéis hacer donaciones. Ayudemos.

sábado, 16 de enero de 2010

En este nuevo año que ha entrado, como la mayoría de los mortales, hemos decidido retomar lo de ir al gimnasio, pues tras las fiestas y lo de regentar “Prólogo” (si estás despistad@, lee posts antiguos) nos estamos abandonando. Así que hemos ido Lupe y yo de compras a por el modelito ideal para ir a Funky. Nos hemos tirado a por lo último de Adidas y Nike. Esta temporada el color negro y oro nos ciega y caemos.

En la clase nos desfogamos al ritmo de buena música y reímos con nuestras compañeras. Sudar junt@s une, creedme. Si asistís a algún tipo de curso colectivo sabréis de lo que hablo.

El gimnasio al que acudimos es un centro dedicado a la danza, en general, y tienen una sala que alquilan para compañías y es muy posible que si un día nos acompañas te encuentres con bailarines que siguen el ritmo de la melodía de turno e incluso el cantante in person.

Esta tarde nos quedamos abobadas ante el cristal que nos lleva ante un espectáculo de sonido y baile. Se mueven al ritmo de la última canción de Lola, la cantante que más se escucha en la radio, “No te quiero ver, bandido. No te quiero ver, bandolero…..”

-Ay, ojalá bailáramos así. Son geniales –confesé a Lupe observando al grupo.

- Pertenecen al Ballet del programa nocturno de Telediez. Cada día tienen que aprender una coreo nueva para poder acompañar a los invitados. Son incansables. – nos informó Maggie, nuestra profesora con su acento londinense.

Todos eran buenos, pero había un bailarín que además de moverse muy bien destacaba por su atractivo. Moreno, con melena y una barba recortada con estilo sobresalía del conjunto. No pude evitar seguirle desde los cristales. Enseguida, notó que alguien le miraba (sí, se sentía observado. No falla, si tienes esa sensación es que alguien te está mirando), y quiso comprobarlo. Saludó a Mag y después cuando giró nos sonrió. Sin duda, estaba acostumbrado a ser observado.
Por su parte, nuestra profesora, con un “se acabaron las vistas”, nos llevó al aula a regañadientes.

Una hora después salíamos más cansadas que cuando entramos y me vi obligada a ir a la máquina de agua, y contra toda recomendación, sacar una Coca Cola bien fresquita, cuando el bailarín guapo me superó por un cuerpo y se colocó delante de la dispensadora sin que pudiera hacer nada por evitarlo. Pues si que es rápido, pensé. Pero cuando dio al botón para coger su agua, se dio cuenta de su acción…

- Uy, disculpa. Es que tenía tanta sed que no…. Lo siento. ¿Qué quieres? Te lo saco yo que me he colado - me sonrió implorante.
- Pues yo, … Quiero una Coca cola- Sabía que me arriesgaba a comentarios sobre el molesto flato y demás consecuencias mágicas que conlleva la ingestión de burbujas y lo malo que resultaba para alguien que realiza deporte y bla, bla, bla. Pero yo quería mi refresco favorito.
- Ten, tu Coca, pero espero que la tomes dentro de un rato porque después del esfuerzo es muy malo Je je. Es broma. – Silencio.- Sabías que te lo iba a decir, ¿eh? – me dijo mientras me retaba con sus ojos juguetones.
- Gracias…. – respondo mientras Lupe tira de mí, ya que Alex nos reclama en Prólogo para la noche. Dentro de poco habrá más club de lectura y hay que prepararlo todo. (Asómate al post Libros, amigos y … Pura vida)
Nos decimos adiós y oigo de fondo un atropellado “Ciao”, que proviene de aquél que Lupe dice que más que bailando parece que pasa la tarde descargando cajas …

No te quiero ver, bandido… No te quiero ver, bandolero …. No me puedo quitar el soniquete de la cabeza. Me temo que ahora tampoco vosotr@s.

jueves, 14 de enero de 2010

Una vez que los Reyes nos han dejado, los árboles de Navidad han sido replantados (espero que así sea) y sus adornos fueron enrollados en papel de periódico para el año siguiente, retomo la historia de mi hermana Marta y Leonard, su chico francés, que espero que os haya enganchado, pues hay mucho todavía por contar.

Observo desde mi ventana cómo cae la lluvia en el exterior. Repiquetea contra el cristal y aterriza sobre el suelo borrando toda huella de la nieve que nos ha acompañado estos últimos días. Cómo empezó ... (XI)

Habían pasado ya cinco meses desde que Marta y Amaro se conocieran, y poco a poco habían ido espaciando menos cada visita, ya que con el avión pronto estaban uno cerca del otro. Cada vez estaban más unidos y deseaban en algún momento próximo juntarse y eliminar las barreras geográficas.

Marta tenía pensado lanzar el proyecto en tierras de Amaro. Todo pasaba por dejar lo que hasta entonces había desarrollado a otra persona, a la que tendría que dar el visto bueno Leo, que era quien había confiado en su proyecto. Todo con él se había hecho más frío, más profesional, pero le agradecía que lo que vivieron no influyera, en ningún caso, en sus respectivas responsabilidades.

Aquel día se disponía a hacer partícipe a Leo de su idea, cuando en el parking, pudo comprobar cómo éste se despedía apasionadamente de una mujer, rubia y muy atractiva, en el coche. Aunque no quiso mirar por entender que era demasiado íntimo lo que veía, no pudo reprimir los celos.

Había probado lo que era la pasión de ese hombre y no lo había olvidado todavía, aunque estaba tan ocupada con Amaro, que no había tenido tiempo de pararse a pensar. Cuando venía a su mente el recuerdo de aquella noche, tras tener una reunión con él o viéndole a través de la ventana de su despacho, se flagelaba con la idea de que él la había dejado escapar y no había intentado ni siquiera hablar con ella en todos aquellos meses de relación con Amaro. “No valía la pena” se repetía, pero cuando le encontró con aquella mujer no pudo evitar sentirse triste y, muy a su pesar, demasiado atraída por él. Pero, ¿y Amaro?

Se movía en terreno movedizo mientras dejaba atrás la imagen de Leo en el parking subiendo las escaleras de acceso al Hospital.

- ¡Marta¡

Una voz gritó su nombre a su espalda. Cuando se volvió, allí estaba él. Vestía como si hubiera prolongado el fin de semana hasta su entrada a trabajar, pues llevaba una camisa azul de sport que combinaba con una camiseta gris y unos pantalones, igual de desenfadados. Sus ojos, parecían cansados pero, sin embargo, Marta le encontró más atractivo que nunca.

- ¿Buenos días¡. ¿Qué tal el fin de semana?
- Bien – balbuceó. - ¿Y tú? – preguntó tímidamente.
- Genial. He estado en plan tranquilo y relajado en un hotel de las afueras que me ha dejado nuevo. – y la abrió el ascensor con energía.
- Se te nota…- Ella prefirió no mirarle. Estaba atónita. Estaba claro que esa mujer le había puesto en marcha.
- Cuándo vamos a fijar las fechas de los cursos que …
- Mira, Leo, tenemos que hablar porque he pensado – le miró mientras salían cada uno hacia su propio despacho- que a lo mejor debería buscar a alguien que se ocupe de tu área, porque …

Él la miró confundido. Marta era una mujer impredecible. Cuando él se mostraba más amable y trataba de portarse como si no hubiera sentido nada por ella, siempre había un paso atrás. Se sentía fuertemente atraído por ella y luchaba por no parecer dolido con su comportamiento. Estaba enterado de cómo le iba con el tal Amaro. Todo se sabía en aquel hospital. Todo menos lo suyo…

Esperaba que en algún momento se diera cuenta que quien podía hacerla feliz era él. “Que todo fluya” le recomendó una amiga cuando le contó que estaba dispuesto a cualquier cosa. Si bien, Marta, todavía no daba señales de haberse dado cuenta de nada y por lo que intuía en su tono, estaba decidida a poner distancia entre ellos. Allí plantado, tan perdido, pareciendo aturdido y tan dulce, con ese estilo desconocido para ella que le asemejaba a un estudiante de Medicina perdido por los pasillos, a Marta se le antojó irresistible, pero, también otra vez, muy peligroso.

lunes, 11 de enero de 2010

Un hola resbaladizo a tod@s, ya que la nieve está todavía pegada a mis botas. Estas fiestas han sido geniales, llenas de risas, regalos, familia y amigos. Ha sido como la práctica mayoría de mis últimas Navidades, pues he comido mucho roscón y he prometido hacer demasiadas cosas en el nuevo año, o sea, otra vez lo de siempre.

He tenido la suerte de poder abrazar a mi hermana y confesar que estoy contando la crónica de su relación con Leo por entregas, como las buenas historias. Ella se ríe, pero sé que esa parte de su vida le llena de orgullo y satisfacción.

Yo también río y me acuerdo del pintor que ahora pasea sus modos de artista por la city. Sí, Martín como ya os conté se marchó a Nueva York con los bolsillos llenos de ideas, deseos y cuadros, muchos cuadros con tonos rojos, amarillos, azules que me emocionaron cuando en una sesión intensiva y privada de arte contemporáneo, en Nochevieja, a espaldas de todos, me mostró sus creaciones. Todas llenas de sentido para él y de significado para mí. Se iba y se despedía. Todos aquellos colores juntos me decían más de él que las conversaciones a pie de terraza o copa que habíamos tenido. No volvimos a besarnos, no quisimos arriesgarnos más. Sólo nos abrazamos y nos deseamos suerte. Sólo nuestros ojos se fijaron a la vez en los tonos rojos, amarillos, azules... Sólo nuestros labios suspiraron al unísono un último hasta pronto.

miércoles, 6 de enero de 2010

Tras la resaca navideña, no me resisto a abandonar esta época de ilusiones, sonrisas y roscones... Trato de tener espíritu crítico y dejar ir esta sensación de emoción que reconozco que más de una noche me ha inundado y deseo que a vosotr@s también. Aunque soy consciente de que, a veces, las fiestas y las experiencias pueden ser diferentes. Es por eso que en mi columna he decidido despedir a la Navidad como se merece y como sólo sé hacer: con un relato que me inspira la nieve que veo caer desde la ventana y que me hace más difícil el adiós ... Del reencuentro con las Navidades.


Uno. La caída del primer copo de nieve pilló a casi todo el mundo por sorpresa. A Lucía Gómez no. Lo había deseado con tanta fuerza que fue la confirmación de un hecho: las Navidades volverían a ser especiales. Desde que llegó a Londres hacía dos inviernos procedente de España no había disfrutado de ver caer la nieve. El inicio de la lluvia blanca le encontraba siempre trabajando entre expedientes y papeles.

El espléndido ventanal de la Sala de Juntas mostraba la más bella estampa que había podido admirar desde su llegada haciéndose aún más hermosa cuando Sergio asomó su mirada gris verdosa. Sus ojos eran increíbles pero carecían de toda expresión. Hacía tres años que se apagaron, según se comentaba, cuando su mujer falleció en un hospital una primavera sin avisar y sin que ni su corazón ni sus ojos pudieran acostumbrarse. Cambió de trabajo, de ciudad y de país para poder pasear a gusto su tristeza, se decía a sí mismo. Deseaba salir adelante, ir más allá de fusiones de empresas, pero todavía no se sentía preparado. Observaba con disimulo a su compatriota Lucía y hubiera querido acercarse a ella, saber por qué se mostraba a veces melancólica y triste. Cuando se miraban parecían comprenderse y resultaba una sensación muy agradable.

Era 24 de diciembre. La imagen de la calle era una auténtica postal de Navidad. El personal de Hopper & Finch había brindado por las fiestas y se disponía a salir en tromba para cenar con sus seres queridos.

Sergio pensaba devorar lo último de Dan Brown mientras degustaba un bocadillo sin ningún tipo de remordimientos. Lucía estaba deseando llegar a casa para enfrascarse en una maratón de cine de romanos: Ben-Hur, Espartaco, …como había hecho toda la vida con su hermana.

Lucía y Sergio se cruzaron por el pasillo mientras se dirigían al ascensor, sin prisas, dejando al resto en la carrera de los últimos preparativos. Se sonrieron de modo espontáneo. De pronto, él sintió algo que no había experimentado desde hacía mucho tiempo: curiosidad. ¿Qué planes tendría? ¿Con quién pasaría aquella noche? Iba tan guapa como siempre, pero no especialmente arreglada para una fiesta o un encuentro con unos amigos. Finalmente, decidió concentrarse en no parecer un tipo borde o raro ante sus ojos.

-¿Qué tal, Lucía?

- Bien. Vaya día, ¿eh? Es genial.

- ¿La Nochebuena?

- No, no. La nieve- dijo mientras recorría algo aturdida la cara de él. Sus rasgos eran muy marcados. Disfrutó de la visión de su cara en conjunto: el pelo rubio tan corto que la resultaba tan atractivo y el cuello que se adivinaba tan fuerte.

- Sí, bueno, es muy navideño.- Y él sonrió mientras comprobaba de cerca el aroma tan cautivador que ya había notado en otras ocasiones así como la boca tan graciosa impregnada de gloss que le atraía aunque se negaba a reconocerlo. -¿Te vienen a visitar de España?- preguntó a Lucía evitando la tentación.

-Oh, no. Yo …- La puerta del ascensor se abrió y entró una horda de trabajadores de Machine, una empresa de programadores que parecían más animados que de costumbre y que los dividió en el cubículo haciendo la conversación imposible.

Las fuerzas que Sergio había reunido para conectar con ella se esfumaron entre las llamadas de los móviles que se multiplicaban en la bajada del piso catorce a la planta donde se encontraba la salida. Explicaciones y preocupaciones por otros. “Dan Brown. Eso sí que me satisface.”- se autoconvenció.

El piso cero, se había convertido en aquellos días en un vivero de abetos, por el número de ellos que convivían en el hall y en el exterior del edificio. Lucía y Sergio se dejaron arrastrar y con un “Que pases buena noche” y “Feliz Navidad” en español, finalizó su aproximación.

Lucía intentó recomponerse tras su pequeña charla pues su paisano tenía el poder de alterarla con facilidad. A pesar de que no hablaban demasiado el contacto visual cada vez era mayor y más confuso. Sergio abandonó el edificio y recibió el golpe de frío. Todo estaba blanco. Se detuvo para ponerse los guantes. Cuando quiso apartarse era tarde. El abeto corporativo de Hopper & Finch aterrizaba sobre él sin previo aviso. Quizá la fuerte nevada o la mala instalación provocaron el accidente que le dejó tumbado con una pierna aplastada bajo bolas y espumillón de tamaño considerable. Los curiosos se arremolinaron pero nadie tocó nada por si acaso. Sergio era corpulento así que lo de moverle parecía no ser una buena idea y la pierna estaba cubierta por el árbol. Sentía dolor pero estaba tan perplejo que se dejaría hacer.

Su jefe en Hopper & Finch salió de entre el grupo de mirones y le indicó que no se preocupara porque la ambulancia acudiría junto a los bomberos. Cuando Lucía salió y se asomó expectante al corrillo de gente, el panorama le pareció sacado de una mala película navideña: chico guapo aplastado por un enorme abeto de empresa. Se hizo un hueco entre la gente.

-Sergio, ¿estás bien?- le preguntó en español.

-Pues ya ves. Creo que demandaré a Santa Claus- sonrió forzado y no había acabado de contestarla cuando tres operarios de emergencias levantaron el pesado árbol y le examinaron entre la muchedumbre, Lucía y el jefe de ambos. Se decidió su traslado al cercano Heathrow Hospital.

-Lucía, me gustaría ir a mí en persona acompañando a Sergio, pero en un día como hoy me resulta imposible –dijo su jefe mostrando su vena más inglesa y firme. – ¿Sería tan amable de hacer patria y acompañarle? –pronunció con tono de imposición.

Sergio montado en la ambulancia se preguntaba por qué no partían hacia el hospital, cuando Lucía azorada se subió con él.

- Pero …- tuvo que admitir el herido perplejo por segunda vez en el día de Nochebuena.

Dos. El módulo de urgencias del Heathrow Hospital se encontraba excesivamente decorado para alguien atacado por un adorno navideño.

-¿Qué pasa hoy en esta maldita ciudad?- Se quejó Sergio mientras le montaban en una silla de ruedas y aguantaba con paciencia las risitas ahogadas de los del turno de urgencias cuando comentaban su caso.

- Es Navidad, Sergio.

-Ya, ya y me ha caído encima el peso del espíritu navideño – señaló enfurruñado.

Se miraron y comenzaron a reírse a carcajadas. Ninguno de los dos recordaba haberse reído tanto en mucho tiempo. Tuvieron que esperar un rato y descubrieron sorprendidos que debían ser los únicos en aquella ciudad iluminada que pasarían la noche solos y ajenos a su significado.

Atendieron a Sergio y media hora después iba escayolado y manejaba una muleta con cierta destreza ya que sus años en el equipo de rugby de la Facultad de Derecho le habían entrenado.

- Acabo de rellenar estos formularios y nos vamos.- Le dijo a Lucía volviendo a sorprenderse de utilizar por unos instantes el casi olvidado plural.

- Tranquilo, tengo programado el horno para que caliente el pavo dentro de dos horas. Hay tiempo.

La puerta de urgencias se abrió y como en un desembarco, varias ambulancias descargaron en medio de la sala de admisiones. Lucía y Sergio se apartaron sin poder despegar los ojos del grupo de camillas que habían irrumpido de pronto. Sólo se oía la clave “Choque múltiple” en boca de unos y de otros. La confusión era tal que ambos se ofrecieron para ayudar. Los servicios del Hospital no parecían ser suficientes. Aunque los protocolos desde el triste 7-J se habían mejorado, los veinte vehículos involucrados en el accidente y en un día tan señalado hacían todo más complicado.

Una hora después una pequeña representación de Hopper & Finch tomaba los datos de los que podían responder por sí mismos y tres horas más tarde eran recompensados con un caldo caliente y los más sinceros agradecimientos del personal del Hospital.

-Hola, chicos. Muchas gracias – saludó alguien en perfecto español.

- No hay de qué- respondieron casi al unísono.

- Soy Elvira del Valle, la Jefa de Enfermeras. Agradezco de todo corazón vuestra ayuda. Os hemos fastidiado la tarde. Lo siento. – y ambos se miraron.

- En realidad no teníamos planes. Además era nuestro deber.

Se despidieron al estilo hispano con dos sonoros besos y se disponían a salir cuando la Jefa de las Enfermeras les detuvo para proponerles algo que hacer en aquella noche tan especial que incluía una cena en buena compañía.

Tres. Las ventanas del pabellón infantil del Heathrow Hospital recogían en nieve artificial todo tipo de mensajes y símbolos navideños: muñecos de nieve, deseos de paz, felicidad, … Elvira les guió por el laberinto de pasillos y en poco tiempo eran presentados como los animadores que compartirían la Nochebuena con Anna, Nora, Tyron y Mathew, niños de entre 6 y 8 años que estaban ingresados por diversas enfermedades. Como los sanitarios estaban tan ocupados resultaba imposible que pudiesen acudir a su cita con los niños, así que habían improvisado lo de los animadores. Los niños aquella noche tenían que disfrutar, no asistir a nuevas desgracias e incluso revivirlas.

Cuando se quedaron solos el interrogatorio no se hizo esperar: ¿Sois españoles? ¿Sois novios? ¿En qué trabajáis? Siendo abogados, ¿habéis metido a algún asesino peligroso en la cárcel?

Mientras Tyron, el guapo niño negro que les observaba callado les espetó:

- Y no teníais con quien celebrar las fiestas, ¿no? Las Navidades son un asco, ¿ves Nora?- dijo dirigiéndose a la niña de ojos azules y pelo rubio recogido en una coleta.

El comentario produjo el silencio entre ellos.

- Nosotros tenemos padres ricos y no tienen tiempo para venir a vernos, ¿sabéis?- anunció resignada la otra niña pelirroja.

- Pero mañana vendrán con muchos regalos- señaló la risueña Nora.

-Pues que te traigan un riñón- le gritó Tyron a Nora, provocando que enmudeciera de nuevo.

- Oye, niño. Nada te da derecho a decir esas cosas. Habría que pedir para ti un corazón – le reprendió Lucía mientras sacaba a Nora y a Anna del comedor que empezaba a quedarse vacío.

Los tres contemplaron cómo las chicas salían.

- Tyron, debes ser más educado. Además es tu amiga. Tienes mucha suerte de tener amigos- dijo Sergio desde lo más profundo de su corazón. Tener amigos era de las cosas más importantes que existían en la vida. Él lo sabía.

Tyron hizo un aspaviento para demostrar su desacuerdo. Entonces, Mathew que había estado en silencio sentenció:

- Tyron, ¿quién organizó tu fiesta de cumpleaños? ¿Quién te hizo aquel póster de hojas de otoño tan feo?¿Quién fue la única que no se rió de ti cuando te raparon la cabeza? Nora, Tyron, fue Nora.

Sergio miró a los dos niños que aprendían lecciones de la vida entre cuatro paredes asépticas con el único apoyo de unos hacia otros. Dejaron atrás la cena de Nochebuena y buscaron a las chicas, pero no había ni rastro. De la oscuridad al final del pasillo del pabellón infantil, Anna y Lucía salieron a su encuentro. Parecían inquietas.

-Tyron, se han llevado a Nora.

- ¿Cómo? ¿Qué ha pasado?

- Del choque múltiple ha salido un donante para ella- anunció Lucía desencajada. – Es muy peligroso- susurró a Sergio que también estaba preocupado.

- Quiero verla. Quiero verla- repetía Tyron al borde del llanto.

En carrera fueron a buscar a la Jefa de Enfermeras para pedir que se vieran. Costó convencerla pero dado que sus padres tardarían en llegar debido al temporal, podrían acompañarla en esos momentos previos a la crítica operación.

A pesar de contar con tan solo siete años, la serenidad de Nora impresionaba. Llevaba tanto tiempo esperando que lo tenía asumido. Cuando les vio sonrió sin un rastro de rencor y se lanzó a contar la aventura a la que se enfrentaba. Sergio y Lucía callaban emocionados por la entereza de los niños. Se despidieron y Nora dio un beso a Tyron dejándole en paz. Un “Pídeselo a Santa” fue lo último que Nora dijo a Tyron. Él sonrió y asintió firme.

Cuatro. La noche se hacía larga. Sergio se quedó con los chicos y Lucía con Anna. En un momento de la noche, las chicas recibieron la visita de dos niños y un adulto que había recuperado el brillo de su mirada, sacándolas en procesión y a oscuras hacia la ventana más grande del hospital.

Vieron caer la nieve y decidieron uno a uno pedir a Santa Claus sus deseos. Tyron no pidió nada para él, rogó porque Nora saliera bien de la operación. Lucía y Sergio se echaron una mirada prometedora llena de intimidad y en la penumbra se tomaron de la mano. Ambos recordaron a su mujer y su hermana fallecidas que les habían atado sin querer a la pena y poco a poco dejaron que se fueran.

lunes, 4 de enero de 2010

Glups....

- Enhorabuena. Es muy buena noticia ... - Pero no le miro a la cara. No sé mentir. Lo celebro por él aunque no me alegro ... por mí.
- Sí. Volvería en un mes.- Y me mira con sus ojos verdes grisáceos que me aturden. Me quedo sin palabras. Mierda. Me había ilusionado.

Un camarero me obliga a replegarme en el momento más inoportuno y acabo encajando al bohemio, el pintor promesa que próximamente cruzará el charco, en una columna, pegándose mi cuerpo al suyo, así, de forma natural.
También de forma natural él me sostiene por la cintura como para protegerme. Mi pulso se acelera. La música que retumba, retumba menos. Nos quedamos mirando un instante. No sé que hace el resto del mundo, yo sólo llevo a cabo los movimientos básicos e involuntarios: respiro, parpadeo y me late el corazón. Sus labios encuentran mi oído y susurran las palabras mágicas: "Ven conmigo, Milty".

A pesar de que es casi mi fiesta, me olvido de todo y le sigo a lo más profundo y oscuro del salón volando de su mano. Encontrado el sitio ideal para lo que sea, sonreímos con timidez y nos besamos despacio. Sus manos de artista recorren mi espalda mientras continuamos el dulce diálogo.

- Me voy dentro de quince días... No pensaba lanzarme así, pero .... - Me confiesa de nuevo al oído provocando que me estremezca.

- No me quiero hacer daño, Martín -Reconozco yo.

Me acaricia el pelo y me acurruca en él. Sé que nos decimos adiós. No iremos más allá porque no sería justo para ninguno de los dos. Pide que me despida de todos por él. Con "Ha sido una gran fiesta" desaparece y se difumina en el fondo, en el lado animado de la fiesta.

Alex me localiza (podría competir con Superman desde que se operó de la vista). Viene a por mí y espeta un ¡¡¡maldito okupa pinturero!!!! Pero no estoy molesta. Un poco aturdida porque me gustó y porque creo que a él también. Suspiro y vuelvo a la carga con más sonrisas y más besos. Me retiro el pelo con la mano y descubro su aroma. Sonrío.

domingo, 3 de enero de 2010

Dejó de devolverle la mirada. Eso es lo que él quería, pues no lo tendría. A Leo le dolió. Sin querer pensar, se disculpó de Sonia, la chica que volvería a estudiar medicina, y fue hacia ella.
- ¿Nos disculpa?- y sin que Marta o su interlocutor pudieran decir algo, la llevó al otro lado del salón.
- Espera, Leo. ¿Qué quieres?
- ¿Saldrías un momento al vestíbulo conmigo? Por favor. –Susurró casi suplicante.

Sin decir nada, avanzó hacia el amplio vestíbulo en el que una suave música sonaba. Marta se giró hacia él tratando de parecer firme. Estaba acostumbrada por su trabajo a aparentar dominar la situación a pesar de estar tan nerviosa como se sentía.

- He intentado …- pero cuando Leonard iba a sincerarse, un colega les interrumpió para felicitarle.

Entonces él, con su mejor sonrisa, le agradeció el gesto y decidió que era mejor salir al jardín. Lo cierto es que Marta, estaba disfrutando de todas las maniobras de él, aunque no sabía exactamente qué es lo que pretendía. Era un hombre misterioso e impredecible.

- No sé qué me pasa contigo. Pero así no puedo seguir… - la miraba contenido.

Se abrió otra vez la puerta del jardín. “Más gente”, imaginó. Sin duda que hubiera preferido cualquier tipo de interrupción, menos la que produjo el hombre que la noche anterior sedujo en sus narices al objeto de sus deseos. Marta se quedó helada. Era Amaro. Cuando Leo lo vio, decidió que eso cambiaba las cosas, y su conciencia volvió de repente, sintiéndose infeliz, pero, sobre todo, fuera de lugar. Ella no supo qué decirle. Se miraron y comprendieron.

Amaro y Leo se saludaron con un “Hasta luego”. El recién llegado no quiso saber nada. Le bastaba con que ella estuviera allí con él y no se hubiera ido detrás de aquel hombre. Estaba seguro de que trataban algo amoroso, si no, ¿qué hacían en el jardín fuera de la mirada de todos?

- Hola. ¿Te he sorprendido?
- Sí. –Sonrió.
- Pensé que a lo mejor te era imposible llamar o que quizá lo de la comida pudiéramos saltarlo….- sonrió pícaro.
- Ya … Puedo coger las maletas e irnos ya… aunque a las ocho he de subir al avión.
- Vale, te espero por aquí …
- Sube. Tengo unas preciosas vistas en mi habitación.

Tomaron el ascensor. Amaro estaba un poco sorprendido, aunque muy agradado. Se miraron sonriendo cuando otro huésped en el último momento accedió al ascensor.

Se bajaron en la segunda planta. Entonces a Marta le asaltó una preocupación: ¿y si se cruzaban con alguien en el pasillo? Tampoco quería estar en boca de todos… Pero ya era demasiado tarde, porque enfilaban el corredor en silencio, oyendo de fondo el hilo musical.

- Es un hotel muy bonito.
- Sí- sonrió. Llegaron frente a la puerta e introdujo la tarjeta que dio paso a la habitación. Todo estaba recogido. Sólo faltaba coger la maleta.
- Es una habitación muy amplia. – Amaro seguía su particular crítica de hoteles.
- Lo más bonito es el balcón. Mira. Entornó las cortinas y dejó ver una piscina exterior rodeaba de palmeras verdes y tumbonas.

Amaro se asomó mientras se acercaba, pero cogió las cortinas y las volvió a entornar rodeándola con sus brazos.
- Prefiero estas otras vistas… - y la besó suavemente. Se volvió y se dirigió al soporte donde se encontraba la maleta. No la quería agobiar. Pero también deseaba demostrarla que merecería la pena que volviera.

Marta contemplaba cómo él se movía por la habitación incómodo. Amaro la miró y entendió que la maleta no debía recogerla todavía. La tomó en sus brazos y se besaron con pasión.

Continuará ...

viernes, 1 de enero de 2010

La conferencia discurrió monótona para Marta, que esa jornada sólo tocaba algunos puntos. El peso pesado de la charla del día la tenía Leonard. Resultaba interesante lo que contaba y cómo se expresaba. Se notaba el entusiasmo que sentía por su trabajo. Su cara se iluminaba con las preguntas de los presentes.

Finalmente, le tocó el turno a Marta para analizar determinado aspecto de la responsabilidad civil, aunque el grueso de su intervención había sido el día anterior. Los asistentes se mostraron muy interesados por lo que aportaba su punto de vista, lo que hizo que Leo no se arrepintiera de haber incluido este nuevo engranaje en su equipo, si bien, personalmente, estaba sufriendo.


Esa mañana había llamado a su hija que se encontraba fuera con su madre. La niña le daba fuerza. Con ella y sus palabras no se sentía solo. Miró a la conferenciante. “Tendré que acostumbrarme a esto. A tenerla tan cerca y no poder sentir nada. “ Entonces Marta, le miró y fue ella quien sin querer e imaginando que él pensaba en ella, casi pierde el hilo de lo que decía.

En ese momento él pensó en invitar algún día a su amiga Ana a salir por ahí. Nunca la había dado una oportunidad. No podía permitirse estar tan alterado. El amor también podía ser tranquilo. Todo en su vida era perfecto: trabajo apasionante e hija adorable. El calor de mujeres lo podía encontrar en cualquier lugar, siempre que no fuera en el mismo trabajo…

Llegó el momento de la clausura y salió de sus pensamientos. Los organizadores les agradecieron su participación. Fueron invitados a comer con ellos en un salón reservado del hotel.

Sonia, la hija del propietario del Hotel, se interesó mucho por lo que decía Leo y enseguida le asaltó. Para él fue muy agradable, puesto que era un chica preciosa. Le contó sus intenciones de continuar en la medicina por donde lo dejó, ya que en ese momento el Hotel iba muy bien y tenía una enorme vocación … Le animó y se sintió aun mejor cuando ella le mostró abiertamente su interés en él. No era la primera vez que le pasaba. Aunque lo relacionaba más con lo que había venido a bautizar “efecto bata blanca”.Todas las mujeres se perdían por estar con el portador de una. Claro, que todas no, porque había una que parecía negarse. La que en ese momento, bebía un martini blanco y conversaba alegremente con uno de los asistentes. Dejó de oír a quien le alababa. La deseaba. Pero sabía que no era fácil. Estaba aturdido. Entendía perfectamente cómo funcionaba el cuerpo humano y, sin embargo, no alcanzaba a entender qué demonios le ocurría con ella.

Marta recogía las impresiones de un compañero de profesión que señalaba un nuevo enfoque en la materia. Pronto se sintió observada. Notó que Leo no la dejaba de mirar desde el otro lado del salón. Pensó en no darle importancia, pero entonces le asaltó la duda de si era una especia de duelo, así que sostuvo su mirada como pudo con su entusiasmado interlocutor, que trataba de exponer sus precisiones sobre cosas que ella había dicho. Aquella chica tan atractiva seguía hablando con él, sin lograr su atención, pensó. Pero no sería Marta quien pusiera remedio a la situación. Rezó su máxima “quien algo quiere algo le cuesta” y se dispuso a esperar.

Continuará ...
Mi deseo es que se os cumplan todos vuetros sueños este año que empieza y no dejéis de leerme.
Gracias por seguirme estos tres mesecillos de blog.
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Sobre mí

Mi foto
Nací un 16 de mayo de hace más de 30 años en Madrid. He asistido al cambio de la tele en blanco y negro a la de color y a la muerte de "Chanquete". He jugado incansablemente con muñequitas rubias super fashion a las que yo misma confeccionaba modelitos imposibles pero también he disfrutado como nadie probando monopatines, bicis y demás aparatejos que "mis colegas del barrio" sacaban a pasear por temporadas. Cuando me llegó el momento estudié Derecho acabando en la asesoría laboral de una Editorial de Moda. Desde la sombra escribo una columna llamada "Marea alta" en la revista para la que trabajo. Mis amigos de toda la vida me acompañan y se unen a los nuevos que surgen al andar. Mi corazón se encuentra despistado (por ahora). En este espacio contaré mis vivencias, experiencias y sensaciones. Bienvenidos a mi mundo y a mi libro blog. Si te asomas por primera vez, lee empezando desde el post más antiguo. Relájate y disfruta.

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