El estrés navideño golpea duro según señalan los expertos. Busca razones que no sean los regalos ni las comidas opíparas sin sentido por las que las Navidades merecen la pena. Eso fue lo que me encargó el Director de la Revista para mi columna. Reflexionemos: a mí me gusta ir por las calles de Madrid. Todo está iluminado: árboles de Navidad fashion y palabras mágicas como Paz y Felicidad se reparten bajo el cielo de la capital. El sonido que me rodea es más musical, parece que la gente ríe más. Los niños tienen los ojos más grandes que en otra época del año, fijaos. Miren donde miren hay colores brillantes, juguetes, adornos increíbles. Un hecho navideño a destacar es que entrar en un bar es casi imposible, pero una vez que tienes tu cervecita y tu tosta, el mundo cobra sentido, ya que estás un poco aturdid@ de tanto villancico, tanta bola y tanta luz. Es ahí cuando miras a los tuyos que en ese momento te rodean y compruebas que están tan a gusto como tú y sonríes. Te sientes afortunad@. Recuerdas a los que no están y vuelves a sonreir. Ellos lo harían. Finalmente, me doy cuenta de lo importante que son las costumbres en nuestra vida. Si cierro los ojos puedo revivir el vermú del día de Navidad con mi familia con todo detalle y rememorarlo ahora que necesito paz: unos berberechos, unas patatas de churrería, unas risas...Ummmm. Probadlo. Fuera estrés. Sólo nuestro momento navideño favorito . Venga, hay que elegir uno. Si eres un@ de la horda de los antinavideños el reto es mayor. Ojos cerrados. Se trata de algo extraordinario que sólo se da en estos días. JO JO JO. FELIZ NAVIDAD.
Nuestro cerebro es infinitamente más fantástico de lo que estamos dispuestos a admitir. Tuve la suerte de tener una coach en el trabajo que si me oyera, me diría: "Te lo dije: mira tu realidad. Depende de ti". Visualiza, visualiza... Es algo que empecé a practicar hace tiempo y que me ha ido ayudando en muchos momentos de la vida, de esos que no crees que vendrán pero que con esfuerzo suceden. Todo este derroche de pensamientos se lo debo al espectáculo de hipnosis "Hipnonautas"* al que acudo en el Teatro Lara, que me devuelve esa sensación que a veces casi olvido de que todo depende de nosotros. A la hora del vermut, el maestro de ceremonias es Jorge Astyaro , un tipo alto, bien parecido, que con su voz nos conduce durante algo más de dos horas atravesando fronteras entre lo real y lo imaginado. Fascinante e incomprensible a partes iguales. Una momento de Hipnonautas Me confieso algo confundida porque sí me llegó pero por temor o pereza, no sé, n...
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