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Marea alta Como siempre en el 14 de febrero

En el Día de los Enamorados no sólo los restaurantes, las terrazas más in y los hoteles se llenan. Hay tantas historias de amor como personas poblamos este mundo. Como siempre en el 14 de febrero

Catorce de febrero. Por fin. Me peiné con raya al lado como a ti te gusta. Me enfundé en el traje azul tan parecido al que llevaba cuando nos conocimos en el Baile de los Enamorados de tu pueblo. Cuando me viste aparecer sonreíste y no dejaste de mirarme hasta que me decidí a sacarte a bailar.

Saqué el pañuelo que trajiste de Italia, de aquel viaje que hiciste con tu hermana que al principio no me hizo mucha gracia. Busqué la corbata que me regalaste por mi cumpleaños, la de seda. Está como el primer día y me he hecho el nudo centrado, como tú me enseñaste.

Mi imagen se reflejó en el espejo. Me gustó mi aspecto y sonreí. Cogí la cartera y las llaves y salí hacia la floristería donde compré el ramo de rosas rojas más grande y más oloroso.

Elegante e impaciente llegué al umbral. Había bastante gente. Muchos visitantes pero también fijos que encontraba cada día.

Retiré las flores secas y coloqué el ramo tan espectacular sobre tu tumba. Ya hacía siete años que celebrábamos así el Día de San Valentín, pero yo me puse tan nervioso como siempre.

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