
El jueves pasado tuve la sensación de que el otoño se hizo casi invierno: la noche me sorprendió a las seis de la tarde, el frío se volvió seco y tuve que abrigarme para no quedarme tiesa en cualquier esquina. Sin embargo, eso no supone que tuviera que quedarme en casa bajo un nórdico … En mi caso, el día libre fue genial.
Quedé para tomar el aperitivo con mi amiga Silvia que se acaba de divorciar. Últimamente las uniones pares se evaporan a mi alrededor. El trabajo, el estrés, lo que no es nuevo, lo cotidiano, el desencanto de lo previsible creo que hacen mella en las parejas. Así mi nueva desemparejada friend trata de pasar los días como puede, padeciendo la lluvia y el frío sin su presencia. Y es que Silvia no puede borrar de un día para otro sus sentimientos hacia el que compartía su vida con ella, que, sin embargo, no dudó en saltar a otra casa y a otra cama para aliviar los sufrimientos de otra, más nueva, más desconocida y menos previsible.
Se consuela, ya sin lágrimas, junto a mí y el despliegue de sabores, aromas y colores que se reúnen en el Espacio Gourmet Experience de El Corte Inglés: el naranja brillante del salmón ahumado sobre un amarillento crep aderezado con una deliciosa salsa, la cremosa y blanca bechamel de unas riquísimas croquetas para dar paso a un jamón exquisito de rojo intenso y aroma indescriptible. Sonreímos y brindamos en plena ebullición de nuestros sentidos al servicio del buen comer y un futuro por descubrir. Los desengaños amorosos son dolorosos, terribles, pero siempre pasajeros. “Todo pasa”, dice siempre mi abuelita Flinn y quién sabe si esperan a mi amiga mejores y más sabrosas experiencias.
Hasta la tarde curioseé en La Casa del Libro, tocando portadas, abriendo páginas y adquiriendo un libro para mi nueva sobrina, sí que sé que acaba de nacer y tal, pero no pude evitar comprar un cuento que yo de pequeña adoraba y que ahora en la distancia veo lo trágico de la historia y su moralina, pero es que me encantaban sus ilustraciones y además hacer ballet desde que tengo recuerdos era mi sueño, algo que dejé hace relativamente poco tiempo.
En fin, con mi ejemplar de “Las zapatillas rojas” me dirigí al Mercado de San Miguel donde había quedado para comer con Alex, Inés y Jorge (todavía muy acaramelados, bien por ellos). Allí seguí con el derroche gastronómico y el buen ambiente, que os invito a descubrir. Os recomiendo que os recorráis cada rincón para encontrar lo que os apetece, que seguro que lo encontráis. El vino Albariño que nos acompañó y que nos hizo más ruidosos por momentos, puso la guinda.
Finalmente, arrastrados por mi amigo acabamos probando unos bombones deliciosos y un batido de chocolate riquísimo en un puesto que nos sorprende con un cartel que nos deja clavados: “Diseña tu propio muesli”. Muy cool, sí. Ya os he dicho que hay de todo, incluso una tienda en la que se usa el corcho de los vinos para hacer pendientes, pulseras, bolsos y un montón de objetos. Pasead y pasead, no queda otra …
Eran las ocho y media cuando con el tiempo justo aparecimos en el Vicente Calderón, el estadio que alberga a unas de las mejores aficiones del mundo según dicen. No es un día muy problemático ya que la cuenta es de un 5-0 a favor del Atlético de Madrid en la ida, así que mucho jaleo, mucho jaleo no hay, pero nuestro palco es acogedor y se calienta con nuestro aliento y un caldito que quita los males…
Y así transcurrió a fantastic day en la jungla de asfalto que ha acabado de cansarme y del que me necesito recuperar. El otoño se ha instalado, pero no en mí…
Wao...debo decirte que me encanta como escribes es como si estuviera leyendo un libro...un buen libro...me llevaste a todas las sensaciones y lugares a los que fuiste...me hiciste sentir que estaba ahi que era uno de tus amigos...muy muy bien.
ResponderEliminarhttp://fiercepty.blogspot.com/
Saludos
Andy
Muchas gracias por tus palabras tan agradables que me animan a seguir cada día contando mi visión del mundo.
ResponderEliminarSalu2, Andy
muchas gracias me alegro de que te haya gustado ese post!!!
ResponderEliminarAdoro las zapatillas rojas, bailé ese ballet de pequeña un fin de curso y es de mis preferidos, ademas los zapatos rojos de punta son PRECIOSOS solo comparables a unos buenos tacones de ese mismo color , quiza de ahi venga mi obsesion!
un besto :)
http://1cenicientamoderna.blogspot.com
vaya, vaya, qué buen plan para pasar un día y sobre todo, apuesta por tu amiga (la de los primeros párrafos) necesita tu apoyo incondicional ahora más que nunca.
ResponderEliminarbsits
;-)
MDA, yo también bailaba y mi super actuación consistía en danzar y danzar al compás de El Lago de los Cisnes y El Cascanueces, ... Mi madre y mi tía me miraban felices y orgullosas y deslizaba sin parar mis zapatillas de punta rosas ... Qué tiempos¡¡¡¡
ResponderEliminarBesos
Pues sí,Tupersonalshopperviajero, las rupturas requieren de paciencia y amistad.Cuando se cierra una puerta abrá que buscar una ventana je je
ResponderEliminarBesos