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Marbella by night

Estoy empezando a creer que esta noche va a acabar en este chiringuito. La música de Giusy Ferreri suena y Alex y yo nos emocionamos. Encima es “Llueve”, la versión en español de Piove (Gaetana, Sony BMG, marzo de 2009), que a los dos nos vuelve locos. Pero es que nunca habíamos oído su música en ningún lugar al que saliéramos. Ni un garito o pub que conociera a esta italiana de Palermo que con su canción Pensieri conquistó nuestros oídos y que rápidamente en Prólogo hemos susurrado a los clientes.

Llevo un mono de Stradivarius color chocolate con unas sandalias altísimas de cuña que no me importa manchar. La arena de la playa aunque las llena de polvo, a mí me renueva. Creo que esa manía mía viene de los Flinn, según me ha contado mi madre.

Vamos todos muy elegantes y fresquitos y nos hemos adornado con los complementos que nos encontramos en una fantástica tienda del Paseo Marítimo de Playamar, en Torremolinos y que solo con su nombre ya prometía: Pura Vida, preciosos bolsos, de los que uno ya es mío y que ahora porto, vestidos estilosos y originales de colores radiantes con diseños llenos de flores ideales. Además tienen bikinis y bañadores para ellos que cualquier costa agradecería en su horizonte. Finalmente, hemos pecado con unas pulseras brazalete que hemos estrenado hoy: Lupe, una rosa, Inés de flores verdes y yo marrón y negra que parece simular encaje. Todas en madera. Son increíbles. Si no fuera por Inés, que es nuestro Pepito Grillo, este fin de semana hubiésemos vaciado Pura Vida y sobrevivido a base de agua del mar lo que nos queda de días …

Llega el momento crazy cuando suena otra vez Giusy Ferreri con El Party y Alex me saca a bailar con nuestra musa … Fuera sandalias¡¡¡¡ Nos remojamos los pies y sube el ambiente en la improvisada pista de baile. Se nos unen Jaime e Inés. Sebastián nos envidia desde su sitio y Lupe le arrastra con gracia junto a Mara.

Acabamos con los pies húmedos entre antorchas que hacen de esta orilla un decorado tropical. Entonces la música baja de ritmo y nuestros amigos Alex y Sebastián bailan acaramelados. Lupe y Mara se retiran. Jaime toma mi mano. Unidos seguimos bien el ritmo.

Oigo el latido de mi corazón y las olas que espumean a nuestros pies. Me mira y alaba mi pulsera marrón. Su cuchicheo me hace cosquillas. Me agrada este chico, I feel it.

El restaurante va a cerrar y entonces llega el momento de gozar de otro atractivo de la ciudad: paseo en calesa (o carreta de caballos) a precio oficial, según tablas. Curioso. ¿Eh? Así se evitan los problemas y el regateo, me parece perfecto. Veinte euritos y callejeamos por la ciudad al ritmo que nos marca un precioso caballo blanco de nombre Pontiac. No me preguntéis por qué lo bautizó así su propietario, pero supongo que esos coches le gustan.

En dos calesas disfrutamos de la ciudad y de la buena compañía que nos ofrecen nuestros nuevos amigos. El olor a jazmín lo inunda todo. Está siendo una noche inolvidable.


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