Me siento tan cansada como el viernes en el que me prometí que me relajaría, que haría esas llamadas atrasadas a mi hermana que está en París, que no me pasaría con la Coca-Cola y, sobre todo, que descansaría. El viernes en el que estaba tan harta de teléfono y que en los e-mails que mandaba a mis compañeras más queridas despedía con un "por cierto,chata, estoy muelta".... En fin, que al final me estresé pensando qué ponerme, no llamé a Marta pues era tarde y estaría acostando a mis sobris, me hinché a burbujas y, claro, nada de dormir más de ocho horas. Estuve exprimiendo cada minuto del día 1 de presunto relax, con Lupe en una fiesta organizada por su empresa de publicidad. Allí nos reunimos todos sus amigos y más. Es una empresa nueva y que tiene que darse a conocer, así que servimos para rellenar y rellenarnos, porque el catering fue estupendo. Casi tenemos que salir rodando. En fin, que a las cinco celebrábamos en casa de la feliz Lupe que todo había sido un éxito. Nos repartimos como siempre entre su hogar y el mío, pues vivimos muy cerca. Quien viene conmigo sabe que sacaremos a Flanagan, mi perro, que me espera como si fuera mi madre. Nadie se echa atrás. Sí tengo suerte. Además cuando volvemos a Lupe´s house, llevamos churros y porras que devuelven a la vida a cualquiera. Y así comenzó mi día 2 de presunto relax, entre risas, ladridos y grasa. Pues este desayuno tan castizo está riquísimo, pero aceitillo tiene a kilos. La mañana...., la mañana fue otra historia.
Nuestro cerebro es infinitamente más fantástico de lo que estamos dispuestos a admitir. Tuve la suerte de tener una coach en el trabajo que si me oyera, me diría: "Te lo dije: mira tu realidad. Depende de ti". Visualiza, visualiza... Es algo que empecé a practicar hace tiempo y que me ha ido ayudando en muchos momentos de la vida, de esos que no crees que vendrán pero que con esfuerzo suceden. Todo este derroche de pensamientos se lo debo al espectáculo de hipnosis "Hipnonautas"* al que acudo en el Teatro Lara, que me devuelve esa sensación que a veces casi olvido de que todo depende de nosotros. A la hora del vermut, el maestro de ceremonias es Jorge Astyaro , un tipo alto, bien parecido, que con su voz nos conduce durante algo más de dos horas atravesando fronteras entre lo real y lo imaginado. Fascinante e incomprensible a partes iguales. Una momento de Hipnonautas Me confieso algo confundida porque sí me llegó pero por temor o pereza, no sé, n...
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