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Año nuevo, energía nueva

Un hola resbaladizo a tod@s, ya que la nieve está todavía pegada a mis botas. Estas fiestas han sido geniales, llenas de risas, regalos, familia y amigos. Ha sido como la práctica mayoría de mis últimas Navidades, pues he comido mucho roscón y he prometido hacer demasiadas cosas en el nuevo año, o sea, otra vez lo de siempre.

He tenido la suerte de poder abrazar a mi hermana y confesar que estoy contando la crónica de su relación con Leo por entregas, como las buenas historias. Ella se ríe, pero sé que esa parte de su vida le llena de orgullo y satisfacción.

Yo también río y me acuerdo del pintor que ahora pasea sus modos de artista por la city. Sí, Martín como ya os conté se marchó a Nueva York con los bolsillos llenos de ideas, deseos y cuadros, muchos cuadros con tonos rojos, amarillos, azules que me emocionaron cuando en una sesión intensiva y privada de arte contemporáneo, en Nochevieja, a espaldas de todos, me mostró sus creaciones. Todas llenas de sentido para él y de significado para mí. Se iba y se despedía. Todos aquellos colores juntos me decían más de él que las conversaciones a pie de terraza o copa que habíamos tenido. No volvimos a besarnos, no quisimos arriesgarnos más. Sólo nos abrazamos y nos deseamos suerte. Sólo nuestros ojos se fijaron a la vez en los tonos rojos, amarillos, azules... Sólo nuestros labios suspiraron al unísono un último hasta pronto.

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