Llegó el otoño y con ella el hacinamiento de mis sandalias en el trastero, admito. Pero también las primeras tormentas de esas que te dejan con frío en el cuerpo, los charcos gigantes y los paraguas medio abiertos que son abandonados en las papeleras. Toca el cambio. Surge la renovación el caer una hoja y que nazca otra. Proyectar, crear y más adelante recoger. Si después del verano dijiste eso de “Te di todo y ya no te doy más”. Olvídalo. Espera a que escampe y tira hacia adelante. Que alguien te rompió los esquemas, levó anclas y te dejó sin despeinarse, pues descomponte un día y hasta una noche en vivos colores de arcoiris y después, arquéate. O baila hasta que no puedas más. O corre. O hazte unos largos. O simplemente no pienses en nada. La noche en que escribo esto se celebra la Gala del Premio Planeta y pienso en cómo sería estar allí. El no para esta edición ya lo tengo, sin embargo, para las siguientes me encuentro con el 50% en blanco y el 50% en ...