Volar. Volar. Las escenas de elegidos que van a recorrer mundo, de quienes buscan aventuras o se dirigen a pelear por su vida en otro lugar ha dejado de tener desde mi punto de vista todo el glamour que las rodeaba. Tengo que quitarme las botas, dejar mi abrigo, depositar en una bandeja de plástico el reloj, los anillos, el fular, quedarme a cuerpo gentil y aún así… pito. Un agente joven me observa de arriba abajo aunque creo que no es con ánimo policial. Una compañera suya me cachea sin problemas. No parezco sospechosa. No llevo nada peligroso. Puedo irme. Recupero mi outfit . Son las seis de la mañana y mi cuerpo se resiente. Tengo mucho sueño en este viernes viajero. Ahora es cuando me arrepiento de no tomar café. Mira que me gustaría que me gustara. El marketing hace mella en mí como siempre y pienso que al probarlo me trasladaría con cada sorbo a un país tropical, a una zona selvática donde el sol calienta y un hombre con bigote y cara afable me entrega u...