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Agradecimientos, ruegos y preguntas

La luz se está atenuando. Mis Directores suben al escenario y nos dedican unas palabras de agradecimiento para los que componemos la Revista, de modo sincero. No nos resulta raro escucharlos pues lo hacen a diario. Después, se dirigen a sus insignes invitados y sinceramente aplauden su apoyo durante el año tan duro y tan crítico para el sector y la sociedad. Los presentes acogemos el discurso con aplausos. En medio de tanto jaleo, tengo la sensación de que me observan. Miro a mi derecha y allí está Martín, que no parpadea y que me obliga a dar un trago a mi copa confundida. ¿No deseariáis leer el pensamiento de los demás? Yo sí. No sé si Martín está tomando medidas para hacerme un retrato o es que le interesan directamente mis medidas sin más. ;-) El beber a tragos imitando el savoir faire de Jaime Beltrán me obliga a visitar el concurrido baño. Por el camino me encuentro al aparecido Jaime desplegando sus artes con Velma, la última top model de éxito menor de veintiuno. Acaba de lleg...

Caída libre

El día de la fiesta de las fiestas. El día que Jaime Beltrán volvía a mi vida. El día que ... Espero que recordéis el previo a la Fiesta de mi Revista. Así que seguiré por donde lo dejé. Si la memoria falla, lee el post "Cuento de una Fiesta de Navidad". El edificio que alberga el evento del año está tan iluminado que parece todavía de día. Las celebs se mueven como peces en el agua con sus taconazos. Los cinco: Alex, Lupe, Inés, el pintor que aparece siempre en el último minuto y yo, dejamos los focos atrás y nos dirigimos a la escalinata que se bifurca en dos en la segunda planta que acoge todo el tinglado. Alex va escoltado por Lupe e Inés. Detrás Martín y yo seguimos su paso, en un silencio incómodo para mí que intento romper. -¿Cómo te ha ido en Barcelona?- digo mientras echo un rápido vistazo y me choco con el aire que tiene de perdido, de bohemio, de enfant terrible que sé que podría hacerme extraviarme a mí también. - Mejor de lo que pensaba.- Después, más silencio....

Cómo empezó... (VIII)

Sonó el teléfono. Poco a poco se estiró y puso el agua para ducharse. Se encontraba algo cansada, pero feliz. El día de ayer había sido divertido y especial. Media hora después, bajaba al restaurante del Hotel a desayunar. Allí estaba el grupo. Habían guardado un sitio junto a Leo, que en ese momento, endulzaba su café y tenía gesto serio. - Buenos días a todos. - Buenos días- contestaron. El grupo guardó silencio. Sin duda se preguntaban qué había pasado anoche. Leo ni la miraba y tomaba su café sin expresión. Marta no pensaba decir nada. Disfrutó de su desayuno hasta que Víctor, se interesó: - ¿Qué tal ayer?– Todos la contemplaban expectantes, salvo Leo, que parecía tener pegada su mirada a la taza. - Bien.- Silencio. - Amaro es muy buen tío y un gran amigo- siguió Víctor. - Sí, es encantador – respondió Marta, mientras Leo mataba mentalmente a Víctor. Tras la aclaración, que no aportaba nada a los cotilleos matutinos que habían disfrutado aquella mañana, volvieron a la normalidad y ...

Cómo empezó... (VII)

Enseguida llegaron. Amaro aparcó y se quitaron los cinturones, girándose él hacia ella. - En fin, Amaro…. - Me lo he pasado muy bien- dijeron casi al unísono. Lo que provocó que rieran. Pero él de pronto se quedo serio y acercó su cara a la de ella. La besó en los labios muy despacio, de modo delicado, y se retiró. Volvieron a sonreir y se besaron relajados. Marta observó la camisa de él, que dejaba entrever el pecho velludo, lo que la hizo estremecerse y pensar en quitársela y descubrir lo demás. La música les animó un poco más. Amaro la acariciaba seguro provocando en ella sensaciones muy agradables… Se fueron separando, sabedores de que hasta ahí podían llegar en el parking de un hotel. - ¿Quieres venir a mi casa? – él la tentó. Marta, miró el reloj y se imaginó en tres horas dando una conferencia y escuchando a otros entre bostezos. Tenía que trabajar. - Vale, vale . Pero, ¿ me vas a llamar? - Sí. - Oye, me apuntas el tuyo. No es que no me fie. Es por si necesito un abogado. - Te ...

Marea alta ¿Espíritu navideño?

El estrés navideño golpea duro según señalan los expertos. Busca razones que no sean los regalos ni las comidas opíparas sin sentido por las que las Navidades merecen la pena. Eso fue lo que me encargó el Director de la Revista para mi columna. Reflexionemos: a mí me gusta ir por las calles de Madrid. Todo está iluminado: árboles de Navidad fashion y palabras mágicas como Paz y Felicidad se reparten bajo el cielo de la capital. El sonido que me rodea es más musical, parece que la gente ríe más. Los niños tienen los ojos más grandes que en otra época del año, fijaos. Miren donde miren hay colores brillantes, juguetes, adornos increíbles. Un hecho navideño a destacar es que entrar en un bar es casi imposible, pero una vez que tienes tu cervecita y tu tosta, el mundo cobra sentido, ya que estás un poco aturdid@ de tanto villancico, tanta bola y tanta luz. Es ahí cuando miras a los tuyos que en ese momento te rodean y compruebas que están tan a gusto como tú y sonríes. Te sientes afortun...

Cómo empezó... (VI)

Cuando Amaro regresó con paso firme, se sintió agradado al comprobar que provocaba algún efecto en ella, pues le observaba desde el otro lado. Aunque estaba convencido también de que le diría adiós esa noche sin más. - ¿Vamos?. Tengo el coche detrás. La salida fue bastante lenta, porque todos los clientes querían saludarle. Él la llevaba de la mano. Algunas chicas le miraban inquisidoras. Entonces ella se sintió un poco una más. “¿Acompañaría cada noche a sus amiguitas para luego irse a la cama con ellas?”. Estaba claro que mucho éxito tenía que tener y entonces, cuando otra idea negativa iba a asaltarla, él se dio la vuelta y le apretó la mano -Hoy hay mucha gente ¿eh? Me gusta que todos disfruten de este lugar. – Sonrió con la expresión que a Marta le recordó a un niño. Así fue cómo se dio cuenta de que quizá Amaro tuviese muchas cosas por descubrirla que a primera vista no era posible imaginar. Se despidió amigablemente del enorme portero y se dirigieron a un patio que resguardaba ...

Cómo empezó... (V)

-¿Conoces a Víctor desde hace mucho? - Sí, éramos amigos de adolescentes cuando él venía de vacaciones. Cuando mi padre murió y me dejó esto, él me ayudo. – pareció recordar, mientras perdía su mirada en la inmensidad. - Así que, ¿tuviste que levantar solo todo esto? - Sí, mis padres tenían esta casa por mis abuelos maternos. Mi madre murió muy joven y mi padre decidió que la podría convertir en un Hotel, pero … no le dio tiempo. …- pareció ensombrecerse por unos instantes y después, suspirando, sonrió. – Entonces me quedé con ello y algún día puede que me meta en lo del hotel. Pero de momento, las copas son más fáciles. - Es un sitio precioso. Seguro que triunfaría. - Ya. Y tú, ¿eres abogada? - Sí. Me ocupo de la responsabilidad civil del hospital donde trabaja Víctor. - Pero debe ser muy difícil, ¿no? ¿Les defiendes o vas a por ellos?- preguntó casi contrariado. - Pues, depende. Hoy por hoy trato de evitar que actúen mal . En realidad, les estoy enseñando a…. - Que no se pillen los d...